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Opinión

Rumorología política

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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audima

Mientras más se acerca el proceso electoral, más encuestas observamos. De un día para otro se encuentran en redes sociales quienes aseguran que un aspirante lleva la delantera de las preferencias electorales; pero, por arte de magia, otra “casa encuestadora” afirma todo lo contrario y posiciona a otro personaje como el ya virtual gobernador.

Y así sucesivamente desde un tiempo para acá, rumores de pasillo, con cargas negativas sobre un personaje y positivas sobre otro, rumores, solo rumores.

Información nunca, nada, jamás verificable, pero que la consumimos para alimentar nuestro morbo político. Llenamos nuestra necesidad de información con canales paralelos a fuentes oficiales, nos sumergimos en la incertidumbre y recurrimos a contenido apócrifo para darle una explicación a una realidad signada por las elecciones del 2021.

Y esto no solo es tóxico para quienes nos apasiona la política, sino que es dañino para una sociedad que ignora las operaciones inherentes de la política y sus procesos electorales. Pues estos, toman sus decisiones con base en rumores, especulaciones, supuestos e historias incompletas que acomodan una verdad a modo.

El resultado, políticos en el poder que tienen mucho de populares y poco de gobernantes. Grandes y largas sombras proyectadas en la pared de personajes que en realidad son muy pequeños.

Hasta ese punto nos lleva la rumorología política, a creer que lo que se dice de unos es cierto, y viceversa. 

El rumor político es una cara molesta e incómoda de la verdad, que se hace presente para dar respuestas cortoplacistas ante criterios incompletos y personajes necesitados de respuestas. Funciona como una especie de “voz subterránea” que expide secretos a voces.

Pero, a pesar de esta connotación negativa, nadie puede negar que sea una voz democrática, que agrupa los sentimientos y las expresiones para crear su propia verdad, la conveniente para el oyente. 

Y frente a esto, es muy difícil competir, más aun cuando la rumorología nos sirve un plato morboso de pecados políticos, con servicio para llevar, por supuesto.

Por ello, la rumorología es una herramienta maquiavélica utilizada por la estrategia política. Las técnicas de manipulación o suplantación de la información son recurrentes para combatir a un adversario electoral.

Y en este sentido, si el afectado no informa, la gente fabula, creando así una explicación alternativa a falta de una información fiable ante un suceso inesperado. 

Por ejemplo, una foto de un político sentado con un partido distinto al suyo dispara la generación de rumores, expone lecturas que generan noticias en muy corto espacio de tiempo. Lecturas que tal vez son correctas, pero que solo son posibles leerlas si alguien las provoca con esta herramienta que les menciono. 

Un arma de doble filo es la rumorología política, como les explicaba en tuit la semana pasada: “Es construir un camino al poder colocando minas, donde un mal paso nos puede llevar a ser víctimas de la mina que colocamos para alguien más”.

¿Curioso, no?

Nos vemos en la próxima.

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