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Opinión

Vacíos de políticos

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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Tal vez desde antes de la antigua Grecia y hasta nuestros días, el ejercicio de la política ha sido para muchas personas objeto de estudio desde distintos ámbitos, desde la academia, la administración pública, el ejercicio del poder, desde las herramientas tecnológicas y, ahora, desde la apertura con la ciudadanía. Y desde entonces, y quizá desde antes, tal vez, han surgido políticos donde en cada escenario los planteamientos los han obligado a renovarse para adaptarse a los nuevos tiempos que se viven.

La política en la historia nos ha dado grandes momentos que en su espacio-tiempo fueron geniales, indispensables o brutales para las necesidades de la sociedad en turno, pero que en su etapa fueron solución al conflicto y que hoy ya forman parte de los libros de historia y todavía más allá, resguardados en la colección literaria de los clásicos. Algunos de estos hechos impensables tal vez para replicarlos en la actualidad, pero que formaron parte del quehacer político de su época. Desde Platón hasta Maquiavelo o inclusive con los modernos como Barack Obama o Pepe Mujica, hemos leído y visto cómo se llevan consigo su historia política y damos paso a nuevos tiempos, y con ello la esperanza de que vengan nuevos protagonistas a solucionar nuestras demandas haciendo cada vez mejor política. Sin embargo, la crispación mundial por la búsqueda del poder ha debilitado y desprestigiado el oficio político, desenmascarando a personajes que, detrás de una imagen perfecta, ocultaban vicios mezquinos, políticos que aún a pesar de ser votados por miles y millones de personas, obraron mal, enriqueciéndose ilícitamente o cometiendo actos de corrupción, dejando así en la política como tal un sentimiento de hartazgo e insatisfacción para la ciudadanía.

En estas últimas elecciones, el mundo ha experimentado con las alternancias, con las coaliciones, ha pasado de la ultraizquierda a la ultraderecha e inclusive ha puesto en posiciones de poder a ciudadanos y ciudadanas. Empoderó la figura “independiente” y depositó en ella nuevas esperanzas para que la política cambiara de rumbo. Y aún así, el trago amargo no terminó. Y la respuesta tal vez no esté en los modelos, la respuesta tal vez se encuentre en las personas, la inercia en la que viven los partidos políticos no ha permitido que se generen cuadros rentables para la ciudadanía, inclusive ni siquiera rentables para ellos mismos, pues no hay por lo menos en algunos partidos, sujetos políticos que garanticen un triunfo electoral por el perfil del candidato o candidata. Nos estamos quedando sin políticos y quienes reciben presupuesto para encargarse del empoderamiento de nuevos cuadros no están haciendo lo suficiente para generar políticos de acuerdo a lo que los nuevos tiempos exigen.

Sí los hay, pero no son lo suficientemente buenos, y es que el problema con los jóvenes y políticos de reciente surgimiento es que están excesivamente ideologizados, sus posturas, discursos, declaraciones son brutalmente ideológicos; y la política, la sociedad y el contexto socioeconómico dependen de la coyuntura. Es decir, existe incapacidad de las nuevas personas que quieren hacer política para entender la realidad y con lo que tienen enfrentarla.

Por ello el vacío de la política que menciono, la velocidad con la que se mueve el mundo y las apariciones de nuevas formas de vivir la vida tienen que ser objeto de estudio para las nuevas generaciones que se dedican a la política. Resulta patético ver cómo aún en redes sociales se exhibe la ignorancia de políticos atrapados en el tiempo. Tendríamos que despojarnos por un momento el chip político y ver todo desde afuera, porque tal vez en un ejercicio de honestidad podemos converger en la misma idea, que no hay nuevos políticos que nos den esperanza para hacerle frente a los nuevos Gobiernos o incluso que representen algo distinto, los buenos políticos ya se extinguieron, los pocos que quedan ya son viejos y trillados y los nuevos se pueden resumir en copias baratas de glorias pasadas.

La sociedad está cambiando, la manera de hacer política también debe cambiar.

Nos vemos en la próxima.

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