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Monólogos

EDUCACIÓN, HOY

Hablar y hablar consigo mismo, es uno de los ejercicios más difíciles de mantener y del cual se consiguen resultados después de años de práctica. Hablar con otros y esperar respuestas apropiadas a lo expresado, es aun más complejo porque por lo general, la cultura del diálogo abierto, razonado y productivo, necesita de la disposición a escuchar con atención por parte de los participantes, y esto a últimas fechas está escaseando. Hoy poseemos más recursos y herramientas para comunicarnos como nunca, y el monólogo también está más presente que nunca. El ejercicio de la individualidad se practica cada minuto exactamente, cuando más poblado está el mundo y el espíritu gregario innato al Homo sapiens en cualquier hora del día es fragmentado por dispositivos personales de comunicación, que se están convirtiendo en indispensables mecanismos de división inconsciente entre mi mundo y el ajeno. Vivimos por fortuna en un entorno plagado de contrastes y contradicciones, sobre todo en el terreno de la intercomunicación, pues ahora tenemos la libertad de cultivarnos en el área que más disfrutamos a sabiendas de que quizás, no sea la mejor en los próximos seis meses. Lo más prudente, parece ser, es el fomento del diálogo, a pesar de la prevalencia del monólogo, puesto que siempre ha sido mejor apuesta la convivencia que la ausencia de esta. La trampa del monólogo es creer que todo lo que se piensa y dice para sí mismo es verdadero, antes de ser pasado por el filtro de la percepción o valoración del otro. Desde esa lógica, cualquier decisión tomada en forma unilateral o derivada de las conclusiones del auto pensamiento, puede convertirse en un contrasentido o una carga difícil de llevar. Cultivar el diálogo con mayor cuidado y sobre todo con mayor respeto a la manera de ver el mundo del otro, nos conducirá al lento abandono del monólogo por improductivo e inoperante.

mirandagil55@hotmail.com