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Morena vs PRD

Todos calculan que la aparición del partido Morena de Andrés López Obrador hará mella en el PRD, lo mismo en militantes que en votos el año que viene. Lo que está pendiente es la magnitud del daño.

Desde luego, dirigentes del PRD declaran que no habrá tal, que Morena quitará votos y militantes sólo (o casi exclusivamente) a los otros dos partidos de izquierda: Movimiento Ciudadano (MC) y el Partido del Trabajo (PT). Es muy probable que, en efecto, esos partidos pierdan la mayoría de su tradicional voto en favor de Morena; López Obrador les dio antes una votación que por sí mismos no hubieran obtenido; hoy es hora de pagar facturas, quizá incluso con el registro. Pero eso no quita que también el PRD vaya a ser presa de Morena en alguna medida. Se entiende que los dirigentes perredistas no acepten que eso va a ocurrir; los liderazgos deben siempre presentar seguridad y un panorama optimista a sus militantes. Pero otra cosa es la realidad.

Se podría pensar que Morena y el PRD, con su separación, tendrán electores distintos. Es probable que los votantes duros, más radicales en sus posiciones, se identifiquen con Morena y su líder, en tanto que los más moderados y algunos votantes independientes, voten en mayor medida por el PRD. No será tan automático, pero probablemente sí será esa la tendencia. De ser así, ya habría una pérdida no pequeña para el PRD que antes contaba también con ese electorado duro, y cuyo porcentaje del electorado total no queda claro. Los moderados e independientes podrán seguir votando por el PRD, pero en una elección intermedia ahí radica el problema; que prevalece menos participación electoral, y son justo los moderados e independientes quienes más se abstienen, mientras que los electores duros son los que concurren a las urnas; si estos se alinean con Morena, el descalabro para el PRD podrá no ser menor.

Da la impresión que al menos para Morena lo más importante dejó de ser la reforma energética para centrarse en la elección de 2015. De otra forma no se entiende que no vaya junto al PRD en la convocatoria a la consulta popular, para hacer un frente más fuerte e influyente. Y es que esa será la bandera con la que ambos partidos se disputarán los votos. En todo caso, lo que no se vio fue la fuerte movilización en calles y plazas con las que la izquierda amenazaba en caso de aprobarse la reforma energética. Algunos piensan que López Obrador pactó con el gobierno no convocar a dichas movilizaciones a cambio de que se le diera el registro condicionado como partido. Pero dicha tesis no me parece convincente; por un lado, no creo que el INE (por muchas deficiencias que tenga) obedezca sin más las instrucciones de Los Pinos; mucho se ha ganado en separar al árbitro electoral del poder Ejecutivo (aunque no de los partidos). Por otro lado, creo que López Obrador tenía de sobra los militantes suficientes para poder obtener el registro —como lo obtuvo— sin ayuda de nadie (menos del Ejecutivo). Entonces, la ausencia de movilizaciones de protesta energética se deba quizá no a que la gente mayoritariamente apruebe las reformas, pero sí a que eso no basta para lanzarse a las calles. Y de ahí que la izquierda haya trasladado su estrategia a la exigencia de la consulta popular.

Hay por otro lado, quien piensa que pasados los comicios de 2015, donde Morena no se podrá coaligar con ningún otro partido, entonces sobrevendrá la unión de la izquierda para presentar un solo candidato en 2018, y que será nuevamente López Obrador. Tampoco me queda tan claro. Ni siquiera si Morena lograse una votación superior al PRD en 2015, en automático habría candidatura de unidad. Es más que probable que el PRD presente su propio candidato, y quizá también que Marcelo Ebrard lo sea por parte de MC, si es que ese partido sobrevive el año que viene (lo que no está garantizado). De modo tal que inevitablemente fuerzas centrífugas atraviesan el espectro de la izquierda de un lado a otro.

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