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Mucho mejor que 2013

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Una de nuestras tradiciones más sentidas al inicio de un año es elaborar una lista de los propósitos y anhelos de cada cual para los próximos 12 meses. Debo confesar que, más allá de lugares comunes, considero que esta práctica constituye una buena guía para clarificar y planear los proyectos que deseamos que se cristalicen en el año que comienza.

Sin embargo, me parece que no sólo deberíamos formular propósitos personales sino extender nuestros objetivos y aspiraciones como sociedad; es decir, nuestros deseos para este querido México, e incluso para el mundo en general, pues si bien algunos suelen hacerlo, no es una práctica tan generalizada como nos gustaría.

Tengo muy presentes estos tres planos, aunque ahora me interesa referirme a los que se vinculan con el país y el planeta.

En primer término, además de comprometerme desde mis propias trincheras –como cada uno de nosotros y nosotras debe hacerlo–, aspiro a que el nuestro sea un país más fuerte, equitativo, democrático próspero y, ¿por qué no?, más feliz. Como decía el notable escritor Jorge Luis Borges, el peor pecado que puede cometer un ser humano es no ser feliz.

Junto a estos buenos deseos para la patria, considero que hay otros puntos más concretos que debemos tener muy presentes para hacer verdaderos esfuerzos con el propósito de alcanzarlos: que el crecimiento económico en esta nación llegue al 5% anual, que los secuestros se terminen, que los empleos se multipliquen y por lo menos se genere medio millón de plazas (ah, y que los trabajos sean remunerativos), que se reduzcan los accidentes viales que hoy en día representan miles de muertes, que se pacifique Michoacán, que de verdad se abatan los índices de pobreza, que no perdamos más bosques y áreas verdes por el avance incontenible y caótico de las ciudades. Que, en fin, se precisen entre todas y todos estas pretensiones, y sumemos voluntades y esfuerzos para que se traduzcan en avances.

Con respecto al panorama global, mis deseos más vehementes se orientan a que entendamos de una vez por todas que estamos interrelacionados sin excepción y que si queremos que sobreviva nuestro planeta es preciso mantener lo mismo la paz que la tolerancia frente a creencias y tendencias políticas; que se reduzca el gasto armamentista; que los recursos se inviertan en procurar avances en el campo de la medicina y, en general, de la ciencia y las tecnologías para bien de nuestra salud y bienestar social; que crezca la producción de alimentos y erradiquemos en una gran cruzada mundial el hambre y la pobreza de millones de coterráneos; que demos mejores respuestas educativas y laborales a nuestros jóvenes y aseguremos una vida digna para los adultos mayores; que nos unamos más y mejor a través de las organizaciones internacionales para alentar iniciativas, recursos y acciones que apuntalen la consecución de éstos y otros propósitos de la humanidad.

No nos queda de otra que unir lo individual con lo nacional y lo global, en vista de que nuestros destinos están vinculados. Sólo así podrán cumplirse a plenitud nuestros sueños para convertirlos en realidades que derramen sus beneficios a todas y todos sin excepción.

Vayamos, pues, juntos y juntas, con fe, talento, reciedumbre, perseverancia y generosidad hacia las grandes metas que definamos y alcancemos en conjunto. Confío en que así sea y, por tanto, auguro que el presente año será mejor que el anterior.

Por eso, les hago llegar, queridos lectores y lectoras, un gran abrazo fraternal, junto a mis mejores deseos y congratulaciones para todo este 2014.

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