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Muerte de un migrante…

Y ahora los niños abandonan sus pueblos. ¡Qué acusación más grave! Decidieron dejar padres, hermanos y abuelos y borrar la memoria. Quieren comenzar en otra parte. Quizá los mayores recuerden algunas tradiciones; algunas canciones de cuna para cantarlas a sus hijos a media voz, a fin de no ser señalados como lo que siempre serán: ¡extranjeros! Los gobiernos los abandonaron. Dejaron de ofrecerles educación, seguridad, empleo… Convirtieron a los niños migrantes en los primeros "daños colaterales" de la descomposición de Centroamérica.

Honduras, El Salvador y Guatemala sufren peor que México. Pero en los cuatro países los niños comprendieron que si permanecían en casa continuarían expuestos a los mismos peligros, y a la misma falta de oportunidades. Recién la Secretaría de Gobernación prometió "poner orden" en La Bestia (el tren de la infamia) y el Vaticano exhortó a los padres a no permitir que sus hijos "emprendan el peligroso viaje a Estados Unidos". Pero ninguno de los dos ofreció soluciones…

El futuro de los niños descansa en manos de organizaciones civiles (como la propuesta por Margarita Zavala) u organismos internacionales. Los grupos de activistas de California tienen años de experiencia y recursos, pero trabajan ocultos a fin de evitar choques con los vigilantes que cabildean jurídica y políticamente contra los niños.

Algunos migrantes esperaban reunirse con familiares que ya están viviendo el "sueño americano". Polleros y coyotes les aseguraban que la repatriación no sería automática, y que podrían esperar el largo proceso legal con ellos, a salvo de maras, drogas, narcos, tratantes, inseguridad y miseria. Se les hizo creer que con buenos abogados podrían retrasar, y quizá derrotar la repatriación. (Aunque en el caso de México existe un acuerdo que permite la repatriación automática. Ese acuerdo pudiera ser contrario a los derechos humanos de los niños y quizá inconstitucional en ambos países.)

Esas esperanzas explican las oleadas de menores decididos a cruzar sin papeles, y sin compañía de un adulto. Muchos llegaron en La Bestia, que para algunos ha significado exponer la vida, el honor y el poco dinero que llevan cosido a la ropa…

Así se reunieron más de 50 mil. (Jorge G. Castañeda, ex secretario de Relaciones Exteriores estima que al final del año la cifra pudiera elevarse a 100 mil: ¡una tragedia!) Un ejército dispuesto a tomar Estados Unidos por sorpresa. Al diablo con los titubeos de Obama y los rancheros texanos, que salen a beber cerveza y lucir sus escopetas el fin de semana; a pretender que protegen "la inviolabilidad del territorio".

En estricto sentido, el colapso de Centroamérica no es sólo culpa de Estados Unidos. El Pew Research Center menciona también los malos gobiernos locales, la corrupción, el quebrantamiento de los valores familiares, la falta de educación y la miseria. Ante el fracaso de la política los niños parecen querer jugársela en los tribunales de Estados Unidos.

En el éxodo de jovencitos centroamericanos a Estados Unidos hay un caso desgarrador: el de Gilberto Ramos, un guatemalteco de 11 años que murió en el desierto. Murió solo, sin camisa; arropado solamente con el rosario blanco que le regaló su madre. Sufrió deshidratación.

En el retrato publicado por El Universal Gilberto aparece como un hombrecito de mayor edad; lleno de fuerza y determinación. Vestía gorra roja (al estilo rapero), buenas botas, y los pantalones de mezclilla con los que murió a escasos dos kilómetros del siguiente pueblo. Lo encontraron los sheriffs de Hidalgo County cuando el cuerpo ya estaba en descomposición. Escondido en la hebilla de su cinturón, Gilberto llevaba anotado el teléfono de su hermano en Chicago. Así fue como se enteró la familia…

http://jorgecamil.com