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Opinión

¡Mujeres al frente!

Por: Martha Chapa

Ha sido una histórica y legítima aspiración, aun cuando por décadas postergada, si bien ahora empieza a cumplirse felizmente tras las elecciones presidenciales de 2018.

Me refiero si, a la llegada de muchas más mujeres a las cámaras de Diputados y de Senadores, al Congreso mismo. Y nos referimos, ¡claro!, a que no es sólo un registro cuantitativo, sino también cualitativo,  como ya lo hemos demostrado en el pasado reciente, una y otra vez.

Por años, en el marco de la equidad de género, las mujeres desplegamos una lucha para acceder a la representación popular, pero sobre todo por el ejercicio pleno de un derecho que merecíamos y merecemos.

En ese largo camino, cuántas dificultades, desaprobaciones y truculencias se interpusieron contra nosotras.

Cómo no recordar, por ejemplo, ese sistema infame de cuotas que fue un primer paso pero que parecía una obligación no gustosa de que se nos aceptara y garantizaran unos cuantos lugares, como candidatas para ser electas diputadas, senadoras, presidentas municipales y por verdadera excepción gobernadoras.

Así, sexenio tras sexenio, muy pocas mujeres alcanzaban estos cargos, si bien fue creciendo nuestra participación y presencia y pero se veía muy lejana la paridad en todas las instancias de representación popular. Todavía en nuestros días lo vemos clara e injustamente, cuando solo hay una gobernadora, la de Sonora, y escasamente unas cuantas al frente de secretarías de Estado o cargos de primer nivel.

Ahora, a partir de las elecciones recientes, venturosa y justamente se instaura con el voto de millones de electores, de hombres y mujeres conscientes, un modelo donde la mujer cuenta y ocupará prácticamente la mitad de las posiciones en ambas cámaras. E incluso podemos anticipar que de acuerdo a los nombramientos que ha dado a conocer la gestión entrante, el número de mujeres tendrá una equivalencia similar.

Basta comparar, en el ámbito legislativo, que en el año 2000 cuando solo éramos un 17%  de diputadas y 16% de senadoras, ya en el 2018, seremos ya el 49% y el 48%  respectivamente.

De paso, celebro que se haya desterrado, espero que definitivamente, esa práctica de las “juanitas” que nos denigraba al nombrarnos candidatas para luego ser removidas por un suplente del género masculino.

Se registra entonces hoy un parteaguas que estoy cierta se reflejará para bien no sólo del trabajo legislativo y de propiciar los cambios que el país requiere, sino a la vez un impulso que va a permear en todas las instancias de la vida nacional para corregir tan grave omisión de mantenernos marginadas o subvaloradas en los más diversos rubros y actividades.
Y queda claro que no ha sido un regalo de nadie, sino consecuencia de una lucha permanente y decidida por décadas, al grado de que en futuras elecciones podríamos incluso alcanzar la mayoría en el Poder Legislativo como también en el Ejecutivo y el Judicial, además de serlo en el sector privado y social. Nunca, eso sí,  como una competencia malentendida y hasta nociva de oponernos a los hombres, sino para conjugarnos con un sentido de complementaridad, nuestra voluntad, esfuerzo y trabajo e inteligencia.

Aplaudamos entonces ahora a quienes el pasado 1 de julio fueron a votar e introducir en las urnas esa voluntad  de cambio que tanto necesitaba México y que nos incluye a todas.

Tenemos ese privilegio y la oportunidad histórica de dar un testimonio pleno de capacidad, lucidez, honestidad y compromiso social, hacia la nación en su conjunto: hombres, mujeres, niños y jóvenes, sean del campo, de la ciudad e indistintamente de una u otra posición socioeconómica y sus preferencias personales, pero sobre todo a quienes más necesiten de nuestro apoyo solidario.