Opinión

"Mujeres en lucha"

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por: Martha Chapa

Ya desde el primer vistazo se percibe la fuerza y presencia que las mujeres hemos logrado en las últimas décadas. Se trata de un libro espléndido, preparado por Mujeres en Lucha de la Democracia, que en su portada exhibe la imagen de una boxeadora de los años veinte del siglo pasado.

Mujeres en lucha es el título de este valioso testimonio editorial que recoge, a través de un recorrido histórico, la labor de esta asociación política nacional, desde su fundación y desarrollo hasta sus avances y propuestas actuales.

Bajo el concepto de "Presencia de la mujer en las luchas sociales y políticas de México", la edición fue patrocinada por el Consejo Editorial de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Quienes colaboramos en esta edición hemos participado en tales luchas a favor de las mujeres, lo que hemos plasmado en nuestros textos, pero a la vez hacemos referencia a otras muchas más que han hecho aportaciones invaluables. Isabel Custodio escribe sobre las luchas feministas; Ana Lilia Cepeda, en torno a la historia de mujeres en lucha por la democracia; Patricia Ruiz Anchondo acerca de las mujeres en los movimientos sociales y políticos en la transición mexicana 1985-2001. A su vez, Guadalupe Rivera Marín preparó un texto con breves notas históricas en relación con las mujeres en las luchas políticas y sociales, y Guadalupe Loaeza elaboró una amplia relación bibliográfica sobre el tema. Por mi parte, abordé el recorrido de las mujeres en su camino hacia una plena participación en la cultura y el arte.

La edición incluye fotografías excelentes de reconocidos artistas visuales, como Héctor y María García. Cabe reconocer también el esfuerzo de quienes hicieron posible esta publicación, como son Ana Lilia Cepeda, Patricia Ruiz Anchondo, Diego Echeverría y María Rosas.

Si bien cada una de las participantes con colaboraciones escritas abordamos todos estos esfuerzos que parten desde finales de los años ochenta, debemos tener presente sobre todo que nuestra organización fue la primera en proponer que hubiera un órgano electoral independiente para efecto de organizar y transparentar las elecciones federales en nuestro país en diferentes momentos, y que se identificara con absoluta transparencia a los votantes a través de una credencial con fotografía.

Con el tiempo, como bien sabemos, se conquistaron éstas que habían sido banderas de nuestra naciente organización: en la actualidad contamos con el Instituto Nacional Electoral, antecedido por el Instituto Federal Electoral y, desde luego, la credencial de elector con fotografía. Ambos logros constituyeron, sin duda, un avance cualitativo para la democracia mexicana.

Y ahora que la agrupación Mujeres en Lucha por la Democracia está por cumplir un año más del cuarto de siglo, queremos resaltar sus méritos, pues existe poca información sobre sus avances y aportes, no obstante que desempeñó un papel fundamental en la democratización de México, así como en la participación clara y abierta de las mujeres en el terreno político y electoral.

En mi carácter de de fundadora de Mujeres en Lucha por la Democracia considero necesario recordar que hasta ya muy avanzado el siglo XX nuestro país no gozaba de un sistema democrático y de libertades. Existían, sí, elecciones, pero en realidad, en la práctica, había una sola fuerza política hegemónica. No contábamos con un sistema de partidos políticos y, por supuesto, carecíamos de una representación equitativa y plural que representara fielmente a la ciudadanía. Se realizaban elecciones de Estado controladas por el gobierno, de tal modo que la contienda era desigual en todos los sentidos: recursos, presencia en los medios, prerrogativas, financiamiento… En el mejor de los casos se abrían espacios de representación popular que eran minoritarios y pronto sucumbían o quedaban anulados frente al avasallamiento por parte de la que incluso llegó a calificarse como una dictablanda, que aseguraba que el partido único acaparara la mayoría abrumadora en las cámaras del Congreso. El resultado era un enorme desprestigio del sistema electoral y político en general, por lo que llegó incluso a ponerse en duda la legitimidad de quienes resultaban electos de esta manera, a partir de procesos manipulados y opacos.

Si nos referimos a las mujeres, baste con decir que estaban gravemente marginadas, por lo cual resultaba natural que empezaran a surgir movimientos políticos y ciudadanos que pugnaran por un cambio a fondo. Es el caso de Mujeres en Lucha por la Democracia, que vino a darnos una nueva y mayor dimensión política, pues el grupo de mujeres que le dio fundamento tomó la decisión de crear una organización no sólo para pugnar por la equidad de género en el ámbito de la política, sino también para impulsar la vida democrática nacional en general.

Recuerdo que todavía en la década de los ochenta las mujeres estábamos dispersas y desorganizadas. Ni dentro ni fuera de los partidos políticos había una presencia femenina aglutinada y menos aún con fuerza para cambiar el marco legislativo y otros ordenamientos legales que tenían que ver con nosotras o donde no se incluían nuestros legítimos derechos como parte fundamental de la sociedad mexicana. Por eso, con una visión integral nuestra organización fijó como una de sus tareas prioritarias convocarnos y organizarnos para exigir la ampliación y consolidación de nuestros derechos, lo que dio lugar a cambios fundamentales.

Debemos tener muy presente que en la segunda mitad del siglo XX aquellas mujeres que poco antes estaban circunscritas al hogar empezaron a ingresar en las universidades y a ocupar cargos y posiciones intermedias en el mundo laboral, cuando antaño esos casos habían sido verdaderas excepciones. Aún así, no dejaban de estar aisladas, pues eran pocas las profesionistas y no todas se habían incorporado a la economía, y eran todavía menos aquellas que ocupaban posiciones de alto nivel en los ámbito público, privado y social.

Abrimos, entonces, espacios de representación en los partidos y las cámaras para que llegaran a las más altas tribunas de la nación nuestras quejas, inconformidades y demandas básicas. De tal manera que Mujeres en Lucha por la Democracia nos permitió, entre otros avances, cobrar una mayor conciencia de unidad para trabajar a favor de la equidad de género como un hecho real y verificable.

Y seguimos juntas, luchando y atestiguando ese ascenso de las mujeres en el reconocimiento y respeto a nuestros derechos, sin desatender los nuevos retos de los tiempos que corren y los rezagos que todavía subsisten, pero con la decisión y la certeza de que avanzamos no solamente hacia la equidad entre hombres y mujeres, sino también en la necesaria consolidación democrática en nuestro país.

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