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Opinión

Multipropiedad e inmoralidad

Por: José Carlos Campos

¿ÉTICA?– Nadie en su sano juicio podría dudar hoy en día de que peloteros profesionales se pusieran de acuerdo para “arreglar” juegos, para “dejarse ganar”. Así sea que los dos equipos en contienda sean propiedad del mismo dueño.

La serie por el campeonato de la Zona Sur la protagonizarán los Guerreros de Oaxaca y los Diablos Rojos del México, uno de los tres combos multipropiedad que la Liga Mexicana de Beisbol ha permitido y permite violando así flagrantemente los estatutos del beisbol organizado. De ello, se reitera, ninguna culpa tiene el pelotero. En la década de los setenta, ochenta y parte de los noventa “arreglar” juegos era cosa de todos los días, en varias plazas, en acción coordinada desde el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Una amplia red de apostadores controlaba las acciones vía amenazas a peloteros, amagos serios contra sus familiares, golpizas como la que se llevó Armando “Agujita” Sánchez o el susto que se llevó Nelson Barrera cuando unos rufianes se lo llevaron en un Ford Marquis negro.

Nadie nos va a platicar sobre el tema. En 1978, parque del Seguro Social, Tabasco visitaba a los Tigres entonces capitalinos, los Plataneros, de Chaflán López, Luis Tiant y compañía. Fuimos al estadio y antes de iniciar el juego, algunos peloteros visitantes, entrando al baño, afuera de las gradas, ahí recibiendo su paga por anticipado.

En 1991, llegaban los Piratas de Campeche, de Orlando López, Mike Browning y demás al hotel Saratoga (avenida Alvaro Obregón, en la colonia Roma). Pasamos a saludar al mánager Jorge Tellaeche y en el restaurante-bar, se aparece el zurdo Herminio Domínguez, anunciado para lanzar el día siguiente, quien se sentó en una mesa al lado de dos tipos de chamarra negra. Ahí se “cuajó” el arreglo, Tellaeche solo dijo “ya valió ma...”.

SUSTANCIA.- Ni quien se suponga que en este 2018 suceda lo mismo y que tome el asunto de la multipropiedad como argumento. La serie entre ambos equipos se regirán por el deportivismo, por la exigida competencia. Lo que se reclama es, tenga que ser al amparo de una situación tan inmoral, condenable desde todo ángulo y que de ribete se aplauda por un sector que prefiere voltear hacia otro lado antes que criticar. Claro, la idea que subyace es quedar bien con Alfredo Harp, el dueño de los dos clubes y apegarse al paradigma de que al exbanquero no se le debe tocar ni con la espina de la duda o el cardón de la sospecha. Nada que semeje una crítica por el hecho de que sea quien encabece el adefesio llamado multipropiedad. Y es que como es algo que ya no asombra, que ya parte del paisaje, pues hay que aceptarlo sin chistar, además de que da ocasión para cantar loas al mecenas en turno de la LMB.

Ahora que en la liga tanto cacarean las transmisiones por Facebook y que el beisbol de verano “se ve en todo el mundo”, bueno sería que a esa afición de diversos países se le explicara cómo es que en la LMB se permite abiertamente la violación a los estatutos esenciales del deporte. Porque el tema no es la serie o que si los Guerreros tienen 20 años de no ser campeones. El tema sí es la inmoralidad llamada multipropiedad.