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Narcocultura

MAZATLÁN

"Queremos libre al Chapo". La petición era clara en las cartulinas de los manifestantes que exigían la liberación del líder del Cártel de Sinaloa. No solo era una clara petición que violaba la ley, sino que en muchos de los participantes había un sincero pesar por la captura de un hombre cuyas actividades criminales están ligadas a miles de muertes y a la expansión del uso de las drogas en los cinco continentes.

La manifestación puso en evidencia un problema que en las últimas décadas se ha ido acentuando, pero que muchos mirábamos con indiferencia, de reojo. Las marchas multitudinarias volvieron a poner a Sinaloa en el mapa nacional, luego de que la captura del capo fuera noticia mundial el 22 de febrero pasado.

En Mazatlán, hasta la fecha, los turistas y locales se siguen tomando la foto del recuerdo en la torre de condominios donde se arrestó a Joaquín Guzmán. De pronto, el hombre más buscado del mundo resultó que era una especie de héroe del estado. A pesar que el cártel que encabezaba llamado "de Sinaloa" mancha la imagen de la entidad a nivel internacional.

El narcotráfico y su estructura ha creado una especie de estado paralelo, con jerarquías, con reglas, con premios y con castigos.

El narcotráfico se ha institucionalizado dentro del sistema político corrupto imperante, sino que se ha convertido en un movimiento cultural, incluso muchos escritores sinaloenses han ganado relevancia nacional e internacional al explotar este tipo de temáticas.

Muchos de nuestros jóvenes están más enterados por la vida y las leyendas del Chapo y sus secuaces, que la historia de los verdaderos héroes nacionales. Además de la marcha – que fue como una especie de bofetada para la sociedad – día tras día vemos cómo los símbolos de los capos son imitados por los jóvenes. ¿Cuántos jóvenes – y no tan jóvenes – empezaron a usar las camisetas similares a las que portaba Édgar Villarreal "La Barbie" al ser capturado? Muchísimos.

Lo lamentable es que el narcotráfico y sus manifestaciones están ganando terreno en los vacíos culturales y de valores que deja no solamente el Estado mexicano, sino nuestras mismas familias.