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Nervios hechos nudo

GUASAVE

Es difícil, por no decir que imposible, a una distancia de dos años, establecer, con algún grado de certeza, qué es lo que piensa Jesús Vizcarra Calderón, respecto, si acaso lo tuviera, a su proyecto personal en materia política.

De lo que no hay duda es que el empresario está de regreso en los entablados públicos de Sinaloa e, inducido o no, su nombre y presencia parece brotar con fuerza, levantando todo tipo de conjeturas y que no necesariamente puede interpretarse que tenga una intencionalidad electoral.

Sin embargo, para bien o para mal, como todo personaje relevante y controversial, Vizcarra es blanco de comentarios variopintos, la mayoría, si no es que todos, centrados en la posibilidad de ser de nuevo en una segunda vuelta, protagonista principal de la sucesión de la gubernatura.

Si su retorno a Sinaloa tiene algo que ver con la reconstrucción del fallido intento de hace casi cuatro años, la verdad no se está en condiciones de confirmarse. Apenas él y seguramente no lo va a decir ahorita.

Finalmente a Vizcarra sobradas razones le asisten para establecerse en el estado, no en balde, lidera una de las empresas económicamente mas poderosas y prósperas y proyección internacional, de origen auténticamente sinaloense.

El asunto no es ese, o si alguien cree o no, que vuelve a Sinaloa por cuestiones estrictamente empresariales. Tampoco, vaya!, ni siquiera la eventualidad de que en su yo interno bulla la idea de buscar, como en las peleas de box de campeonato, la revancha.

Lo que realmente viene al caso es que casual o premeditadamente, casi a la par al regreso, primero silencioso, pero no desapercibido de Jesús Vizcarra, surjan señales intermitentes que cada quien interpreta a su gusto, pero que a algunos actores políticos empiezan a crisparles los nervios.

A últimas fechas, pero particularmente en días recientes, se ha venido publicitando textual y gráficamente, la cercanía de Vizcarra con el presidente Enrique Peña Nieto.

En las fotos difundidas con especial profusión se observa no una interlocución de ocasión y protocolo y sugiere, digo para aquellos que asi lo quieren ver, una especie de camaradería personal entre ambos, algo que por otra parte no es nada nuevo y se ha sabido de tiempo atrás.

Pero igual, a lo mejor es sólo percepción errónea como piensan quienes desean sean expresiones de cortesía, que para aquellos los que realmente asumen -que no son pocos- que quisieran que entre Peña Nieto y Vizcaya, exista algo más que la cercanía de urbanidad hacia un empresario de esa talla.

Lo chistoso, porque es algo muy chistoso, que algunos aspirantes, a meterse a la disputa por la candidatura del PRI a la gubernatura, como si fueran chiquitos ¿o lo serán?, anden inquietos por el regreso de Vizcarra.

La desesperación que es hija del miedo la vino a empeorar la insistente difusión de sus relaciones con Peña Nieto a grado tal de urgirlo para que se "destape", como si no conocieran las reglas del juego del sistema político autoritario priista que también está de regreso y del que siempre han sido participes.

Seguramente mas que a JVC a lo que tienen miedo los demás pretensos es precisamente a la ortodoxia del PRI, porque tal vez, una cosa es lo que aquel quiera y otra muy distinta las intenciones de los que ahora mandan desde el centro del país.

Sobre todo si a la mano tienen a alguien afin a su proyecto de gobierno, pero además con una estructrura política y recursos suficientes para recuperar la gubernatura. Y si es amigo, pues...