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Ni mejor, ni peor

GUASAVE

Si nos atenemos a los nuevos escenarios que vivimos, de algunos pocos meses a la fecha, en materia de violencia de alto impacto, Marco Antonio Higuera Gómez, el procurador general de Justicia de Sinaloa, se tiene la impresión que ha superado lo peor del vendaval con el que por lo regular enfrentan cada sexenio los gobiernos estatales.

Habría que decir que el que encabeza Mario López Valdez, con todo y las promesas que se hicieron en campaña, no fue la excepción y casi la mitad de su administración en cuestión de inseguridad fue literalmente un infierno.

En ese tramo, las instituciones de seguridad pública no habían sometido, como fueron sus anunciados deseos, las secuelas de la violencia que heredó de su antecesor Jesús Aguilar Padilla y que hizo crisis en el 2008.

A partir del 2011, como es hecho documentado, con el actual gobierno la violencia lo había venido acompañando sin límites, al punto que se volcó en contra de él con una locura homicida sin precedente y llegando al grado de matarle decenas de agentes de la Policía.

Sin embargo de un tiempo para acá el ritmo macabro de los delitos de alto impacto se han mantenido en la medida de antes de que se escindieran los grupos criminales, con eventuales curvas ascendentes que ocasionalmente revientan por días en mayores crisis.

Por eso es, hemos de suponer que Marco Antonio Higuera, el procurador que el gobernador Mario López Valdez se sacó de la "chistera" ha aguantado a pie firme las borrascas, o dicho mejor las tormentas generadas por el crimen organizado que tantas vidas ha cobrado en la entidad.

Cuando Higuera Gómez surgió como titular de la PGJE se pronosticó que dada su personalidad y escasa experiencia en asuntos del rubro que le encargaron, no iba a hacer huesos viejos en el puesto, muy a pesar de que hace muchos lustros, fue en Guasave, auxiliar del Ministerio Público del Fuero Común.

Evidentemente su desempeño no ha sido mejor ni peor que el de sus antecesores; los índices de criminalidad, altos o bajos, son tan impunes como a las propias organizaciones les da la gana, simplemente porque la lucha de los buenos contra los malos, ayer como hoy sigue siendo desigual.

Aquí la pregunta es, ¿cuánto durará esta tregua, en la que se ha trepado Higuera Gómez para caminar con mayor comodidad por esos vericuetos?

Se abre camino.- Con Horacio Castro, el Partido Sinaloense presume haberse electoralmente adjudicado para sí la sindicatura de Nío, derrotando a los aspirantes del PAN y el PRI, al que por cierto en el escenario general de la disputa de las 12 jurisdicciones, le fue como en feria, a excepción de Juan José Ríos y El Burrión.

Hablando del PAS, su alianza con los priistas, apoyando al candidato de este, impidió que el panismo refrendara la posición en la sindicatura más grande del municipio, pues a decir de Carlos Leyva, el dirigente local, su apoyo fue factor definitorio del triunfo de los tricolores.

Al que le fue bien en la operación política fue al exoficial mayor, Manuel Zambada, que en su calidad de delegado en El Burrión contribuyó a fortalecer la candidatura de unidad que finalmente hizo que ganara al que respaldó el PRI.

El resto de las sindicaturas los triunfos pueden acreditársele al propio alcalde Armando Leyson, cuyos operadores hicieron lo mismo que hacían los priistas para ganar elecciones, por lo que como reza el refrán, juego que tiene desquite, ni quien se pique.