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Niños que no existen

Una reciente reforma constitucional al artículo 4 de nuestra Carta Magna nos pone sobre aviso de una realidad soterrada, con frecuencia ignorada por los gobiernos de los distintos partidos políticos, pero que nos debería preocupar mucho: en México una cantidad importante de niños no son registrados a los pocos días de nacer y muchos de ellos no son registrados nunca.

Se trata de una niñez inexistente (desde un punto de vista jurídico, como es obvio), que a raíz de una omisión de los padres va a enfrentar graves problemas más adelante en su vida, cuando le pidan para casi cualquier tipo de trámite su acta de nacimiento y no la pueda presentar.

En 168 municipios del país menos del 50% de los niños son registrados. El promedio de registros al nacer en Chiapas es del 61% y en Oaxaca del 70%, según datos de UNICEF. Incluso hay 31 municipios en los que menos del 25% de los niños son registrados. A nivel nacional se estima que un 6.6% de los niños no son registrados.

Se podría pensar que se trata de un fenómeno que está limitado a los estados más pobres del país, pero lo cierto es que se presentan tasas inusuales de no registro de infantes en municipios de estados como Campeche, Chihuahua, Jalisco, Morelos y Yucatán, por señalar algunos.

La mencionada reforma constitucional (que se puede consultar en el Diario Oficial de la Federación del pasado 17 de junio) incorpora el mandato de que todo recién nacido tenga reconocida su personalidad y sea registrado de forma inmediata. Se agrega, con mucho sentido práctico, que la expedición de la primera acta de nacimiento tendrá que ser gratuita, con lo cual se allana cualquier posible obstáculo de carácter económico para el registro de los niños.

La reforma pasó desapercibida en medio de la euforia mundialista, pero lo cierto es que nos recuerda la importancia de registrar oportunamente a los niños, pues de esa forma podremos asegurarles no solamente una identidad jurídica propia (al asignarles el nombre que los acompañará por el resto de su vida, para bien o para mal), sino también para poder proteger mejor sus derechos.

Es el primero de los muchos trámites que tenemos que hacer a lo largo de nuestra vida y de la vida de nuestros hijos, pero resulta indispensable hacerlo de forma oportuna, pues a partir de que cada persona nacida en México cuente con un acta de nacimiento podrá hacer muchas cosas más que le resultarán importantes más adelante, como por ejemplo inscribirse en una escuela, obtener la credencial para votar expedida ahora por el nuevo INE, tramitar su pasaporte, inscribirse en el IMSS, etcétera.

En el Distrito Federal incluso ya se permite que, al momento de registrar a un recién nacido, los padres decidan el orden en el que irán sus apellidos. De esa forma se termina con la prelación a favor del apellido paterno. Se trata de una medida que tiende a generar mayor igualdad entre hombres y mujeres y que, sensatamente, les da libertad a los padres para tomar una decisión que solamente a ellos les corresponde, no al Estado. No se trata de algo que sea inusual entre los países más desarrollados del mundo. Ojalá pronto se pueda aplicar también en otras entidades federativas del país.

Pero más importante que el orden de los apellidos es que los niños, todos nuestros niños, sean oportunamente registrados. Ojalá lo logremos, a partir del nuevo mandato constitucional que ya forma parte de nuestro sistema jurídico.

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