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Opinión

¡No a la farsa: las 10 razones!

ITINERARIO POLÍTICO

Por Ricardo Alemán

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En cuestión de horas, a lo largo del domingo 10 de abril, los mexicanos seremos testigos de la amputación de uno de nuestros derechos fundamentales: la norma constitucional a ser parte de elecciones libres, transparentes, legales, confiables, equitativas y legítimas.

Y es que a lo largo de los últimos 60 días y el propio día de la elección se habrá acreditado —a los ojos de todos y en numerosas denuncias legales—, que el proceso electoral de la llamada revocación de mandato no es más que una vulgar elección de Estado.

Es decir, un proceso electoral en donde el poder presidencial se empeñó en empañar el ejercicio de democracia directa al extremo de convertirlo en el más desaseado de la historia electoral mexicana, según el propio INE, que incluso analiza seriamente su anulación.

Y al “cochinero” fue de tal magnitud y cinismo que ninguno de los actores políticos del partido oficial y de sus gobiernos —federal, estatales y municipales—, intentaron siquiera ocultar las trampas, atrocidades y mentiras.

Acaso porque ese era el objetivo; el de exhibir —ante los ojos de México y del mundo— que en el gobierno mexicano de hoy son capaces de cualquier atrocidad política y que nadie —ninguna ley y ninguna autoridad— se atreve a impedir la farsa democrática.

Una farsa que, por ese solo hecho, debe ser rechazada por los ciudadanos, en general, y por los opositores, en particular, ya que exhibe a un gobierno tirano, cómplice e impune ante la muerte de la democracia.

Sin embargo, y a pesar de la montaña de evidencias que confirman que la elección del domingo venidero no es más que una grosera elección de Estado, muchos mexicanos siguen creyendo que mediante ese instrumento de simulada democracia directa, los ciudadanos serán capaces de poner un alto al tirano que se ha entronizado en el poder presidencial.

Y aquí aparece la primera pregunta. ¿Cuántos mexicanos acudirán al inútil ejercicio de revocación de mandato?

Lo cierto es que nadie sabe cuántos ciudadanos han sido engañados, obligados o comprados para acudir a las urnas el domingo próximo; no se conoce la capacidad de acarreo, de compra o de convencimiento de la pandilla mafiosa que es capaz de todo para “engordar” un capricho presidencial.

No sabemos si aquellos que acudirán a votar entienden la trascendencia de la simulación, el tamaño del engaño y lo burdo de la farsa oficial para simular un evento democrático y dizque de revocación de mandato.

Tampoco sabemos cuántos de los 30 millones de votantes que en julio de 2018 sufragaron por López Obrador, hoy siguen convencidos de que se trató de la mejor alternativa y tampoco nadie puede calcular —hasta la noche del propio domingo o la madrugada del lunes 11—, el número de desencantados ante el fallido gobierno de AMLO.

Lo que sí sabemos, sin embargo, es que se trata del proceso electoral menos legal, legítimo, equitativo y confiable que se haya conocido en los tiempos de las elecciones constitucionales en manos de los ciudadanos.

Sabemos que asistimos a la amputación de un derecho constitucional fundamental, como la garantía de elecciones libres y transparentes, y sabemos que ante nuestros ojos viajamos al pasado a los procesos electorales manoseados por el poder presidencial y con el dinero de los ciudadanos.

Por eso, a continuación proponemos 10 razones por las que todo ciudadano consciente debe contribuir a dejar la urna vacía.

1.- Porque la farsa de revocación de mandato ha sido —en no pocas tiranías actuales—, el instrumento privilegiado para la perpetuación de los sátrapas en el poder.

2.- Porque en el caso mexicano se trata de una ocurrencia ideada desde Palacio, financiada de manera ilegal y para el beneficio exclusivo del presidente, quien de esa manera intentará su reelección.

3.- Porque el propio presidente Obrador encabezó la campaña ilegal de promoción de la revocación de mandato, a través de sus engañosas participaciones en las “mañaneras”.

4.- Porque desde Palacio se ordenó una costosa campaña de propaganda engañosa, mentirosa e ilegal que costó miles de millones de pesos del dinero público; dinero que se escatimó a la salud, la educación y la cultura.

5.- Porque el engaño llegó al extremo de la manipulación de la pregunta, la que al final apareció no como revocación, sino como ratificación de que López siga en el poder, a pesar de que la Constitución solo establece seis años en el poder presidencial.

6.- Porque, a pesar de la propaganda desplegada en todo el país, nadie del gobierno y del partido oficial reconoció la violación constitucional y menos el gasto del dinero público.

7.- Porque, a pesar de que la Constitución lo prohíbe, todo el aparato del gobierno y parte de las instituciones del Estado fueron puestas al servicio de la promoción de una consulta que solo debía ser promovida por el INE, pero en la que participaron secretarios de Estado y gobernadores de Morena.

8.- Porque, al mejor estilo del partido único y de la “dictadura perfecta”, el partido oficial, Morena, recurrió a todo tipo de triquiñuelas para la compra y promoción del voto.

9.- De esa manera, la burocracia de los tres órdenes de gobierno —federal, estatal y municipal— fue obligada a votar, a cambio de mantener su empleo; lo que produjo millones de votos obligados.

10.- Además de la compra y acarreo de votos cautivos de tianguistas, beneficiarios de programas sociales, sindicatos y agrupaciones de vecinos, entre muchos otros sectores sociales que fueron chantajeados para acudir a votar.

Sin embargo, y a pesar de todas las trampas, las ilegalidades y el pisoteo de la Constitución, el amañado ejercicio electoral del domingo próximo tendrá un resultado positivo: podremos conocer el número de mexicanos arrepentidos de votar por el peor presidente de la historia.

Al tiempo.

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