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No creen 'ni el bendito'

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

A decir de la Secretaría de Agricultura del gobierno federal, las expectativas para mejorar la comercialización de las cosechas del país estarían radicadas en el establecimiento de esquemas que creen las condiciones favorables del mercado.

Entre las medidas, explicó el subsecretario del ramo, Jesús Aguilar Padilla, se contempla la fijación de un precio piso, así como canalizar al menos un millón de toneladas para el consumo pecuario, que a su vez, por cierto, requerirá de otra clase de estímulos.

Pero en tanto el gobierno federal acomoda los mencionados programas para alentar mejores cotizaciones y la ampliación del mercadeo del grano, por el momento la situación no pinta escenarios optimistas, ya que aun cuando ha mejorado ligeramente el precio del maíz, la verdad es que no despierta mucho entusiasmo entre los productores.

Eso es por un lado, porque por otro, evidentemente los hombres del campo no tienen en absoluto confianza en los compromisos de gobierno, que en la mayoría de los casos, como ocurre con el problema del frijol, sólo quedan en el discurso.

Creer a pie juntillas que lo que anuncia Aguilar Padilla puede ser la "varita mágica" que abra la puerta a precios verdaderamente redituables, es lo mismo que opten, de una buena vez, por encomendarse a Dios como única solución al sombrío panorama que se avisora para la venta del maíz.

Los agricultores de Sinaloa, por hablar de lo que consta, saben que por ningún lado, por parte del nuevo gobierno del PRI, se ven políticas públicas y menos voluntad para auxiliar al campo, encerrados como están los tecnócratas en sus despachos y diseñando la economía desde la frialdad de los escritorios.

Ahora bien, el hecho de que los productores asuman las promesas gubernamentales en el sentido de que ahora sí les van a ayudar a vender sus cosechas a precios razonables, como una esperanza, lo cierto es que en el fondo están conscientes que al final, como sucedió con el frijol, saldrán con su "batea de babas".