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No descuides los pequeños detalles

POLIARQUÍA

Nadie dio crédito a las imágenes de aquella mañana del 11 de septiembre. Dos aviones comerciales se estrellaban contra dos edificios emblemáticos y más grandes del mundo.

Lo que siguió, debe estar en la memoria de millones que no lograban entender este acto brutal y de gran espectacularidad.

Era en ese tiempo alcalde de la ciudad de New York, Rudolph W. Giuliani. Estaba por concluir su gestión, cuando vino el acontecimiento que cimbró al mundo.

Un año después de los atentados, publicó un libro que tituló "Liderazgo", con un subtítulo que resume su intención: Las claves del éxito del líder que supo afrontar el 11-S. Les comparto algunas ideas del autor, con reflexiones propias.

Hay que hacerse del control del día. En todos los puestos que había ocupado Giuliani, empezaba su mañana con una reunión de sus colaboradores más estrechos. Prácticamente asistía a todas. No creía exagerar con la cantidad de dichas reuniones, y sólo se ausentaba por un asunto mayor. Los temas son tan abundantes en ciertos cargos, que si no hay un orden y las líneas de comunicación son claras, aquello se vuelve un caos. Todos salían sabiendo los temas de la ciudad, manejaban un mismo discurso y ellos a su vez, lo transmitían a sus subordinados.

Fijar un tono. Un gobierno tiene cientos de asuntos. Cada área verá en su responsabilidad lo más importante y los problemas más urgentes. Sin embargo, no se puede afrontar todo con la misma intensidad y la vez. ¿Cómo saber qué problemas son los prioritarios? Muchas veces los problemas prioritarios no están en la opinión pública y viceversa. Por eso hay que imaginar las consecuencias del retrasar ciertas decisiones y de adelantar otras. Se trata de fijar un tono a la agenda de acuerdo a una combinación entre lo que no puede esperar y lo que está en la opinión pública.

Nunca descuides los pequeños detalles. Un líder seguro de sí mismo no titubea en pedir opinión sobre ciertos temas. Dice Giuliani que no descuidar los pequeños detalles, fue la teoría de la ventana rota que empleó en la lucha contra el crimen. Esta teoría sostiene que un detalle en apariencia insignificante como las ventanas rotas de los edificios abandonados, puede evolucionar a situaciones mucho más graves. Un edificio con una ventana rota es más fácil que reciba un proyectil para quebrarle otra, que un edificio que tiene sus ventanas intactas.

Has lo posible e intenta lo imposible. El ejercicio de gobierno es un acto de racionalidad pero también de arrojo. Existen normas jurídicas, presupuestos, arreglos políticos y sociales tras cada decisión. Hacer apenas lo posible no es fácil, mucho menos intentar lo imposible. Todo comienza en ambos conceptos. ¿Es lo mismo lo posible e imposible para todos? Hay situaciones que en apariencia no tienen solución, pero luego se descubre que sí: cuando a alguien le pareció posible lo que otros consideraban imposible.

Reflexiona y luego decide. ¿Cuáles son los linderos y los tiempos de las decisiones correctas? ¿Qué tanto se debe reflexionar una decisión? En verdad, esto lo resuelven fundamentalmente cuatro cosas: la experiencia, la intuición, la audacia y el arrojo. Hay quienes reflexionan tanto las cosas, que cuando deciden ya pasó el momento clave. O quien actúa en temas graves sin la debida reflexión. Dice Giuliani al respecto: "Muchos se sienten tentados de decidir una cuestión simplemente para poner fin a la incomodidad de la indecisión, no obstante, cuanto más tiempo dispongas para tomar una decisión, más madura y bien razonada debería ser".

[email protected] twitter: @guadalupe2003