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No es cuestión de leyes

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Con una terrífica cuanto mortal estadística de 34 mujeres asesinadas en lo que va del año, que se suma a la no menos espantosa cifra de muchas más muertas en años anteriores, Sinaloa, al menos en materia de feminicidios, parece estar sentando un histórico precedente.

Precisamente en razón a los crímenes de ese género que se han estado sucediendo con una frecuencia incontrolable, es que empieza a gestarse un movimiento de valientes mujeres que levantan la voz, reclamando un alto a lo que tiene todos los visos de estar escalando de manera alarmante.

Una de las principales activistas, la directora del Instituto Sinaloense de las Mujeres, al fijar su posicionamiento en torno al gravísimo problema social que afecta al sexo femenino, exigió un alto a la violencia que se ha desatado en contra del género.

La lideresa del Ismujeres, Elizabeth Ávila Carrancio advirtió que debido a que la tasa de asesinatos de féminas en Sinaloa es uno de los más altos en el país, buscarán impulsar una cruzada para prevenir, atender y sancionar la violencia en ese sentido.

Incluso la diputada local Judith del Rincón, otra de las denunciantes, al admitir que en las leyes locales y federales hay vacíos que obstaculizan no sólo la seguridad de la integridad física de las mujeres, sino el castigo para los autores de esos homicidios, podrán subsanarse con las leyes secundarias que se aplicarán en Sinaloa.

Sin embargo, habría qué decir que en materia de protección o aplicación de justicia a favor de las féminas, el asunto toral no es de leyes, pues las hay, aquellas que son muy claras respecto a cualquier crimen que se cometa, sea hombre o mujer.

Más bien, sobre lo que se tiene que centrar la solución del problema es en cuanto a la negligencia, corrupción y complicidades que terminan desembocando en la absoluta ineficacia en los procedimientos de investigación y persecución de ese tipo de delitos.

En este país o en este estado, así podrán decretarse miles de leyes, realizarse pronunciamientos discursivos de las autoridades y promesas de atender de fondo el problema de los feminicidios, pero mientras no haya un sistema procurador de justicia efectivo, todo lo demás sale sobrando.