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No es pretexto

GUASAVE

La tesis que, no pocas veces, argumentan los gobiernos en el sentido de que la sociedad es responsable en gran parte de los altos índices delincuenciales que en Sinaloa tiene ribetes de alarma y escándalo, guarda un alto grado de razón.

Sin duda el origen de ese fenómeno social es la falta de una firme, adecuada y honesta formación familiar, pues al faltar esta resulta difícil inculcar los principios básicos de probidad y por lo tanto virtualmente imposible crear una sociedad químicamente pura.

Obviamente sería ideal tratar que nuestros núcleos sociales se rijan por los más elementales valores de la moral, que es la ciencia que enseña las reglas que deben seguirse para hacer el bien y evitar el mal, aunque ello simplemente es utópico por la naturaleza humana.

Es una verdadera ingenuidad invocar a la purificación del conjunto ciudadano como punto de partida para buscar salida al problema de la descomposición de los valores en amplios segmentos de nuestra población, convertidos hoy en una auténtica amenaza para la estabilidad social.

Es entonces que se hace necesario que las autoridades competentes redoblen esfuerzos para seguir combatiendo el peligroso desbordamiento y no se acoja para intentar justificar el fracaso evidente que hay en ese renglón, al manoseado pretexto de que la culpa es de "los padres irresponsables y la familia desintegrada".

Ciertamente a los gobiernos no les falta razón, porque la raíz del mal está en una deficiente, cuando no nula, educación familiar, pero tampoco debe ser esa verdad la rendija por la que escape su obligación primaria y legal de salvaguardar la seguridad e integridad de quienes nada tienen que ver con la irresponsabilidad de los padres donde se incuban las conductas antisociales y hacen víctimas de su rencor a toda una sociedad pacífica.

Ahora bien, los altos índices de criminalidad que en Sinaloa y muchos municipios son preocupantes y tal vez costo que toda comunidad debe pagar por su desarrollo demográfico, la verdad es que se deben hacer mejores esfuerzos y mayor eficiencia en el desempeño para mantenerlos a límites tolerables.

Pero bueno, lo cierto es que Sinaloa no puede esperar a que se sanee totalmente la sociedad y que los pocos o muchos padres de familia irresponsables tomen conciencia y asuman la parte de la culpa que les corresponde, para que las autoridades del ramo, que no son otras más que las policías municipales y las de la Procuraduría General de Justicia, vean la forma de cómo, si no resolver de raíz el auge delincuencial, por lo menos que hagan la lucha de controlarlo a niveles soportables, que al fin de cuentas ese es su deber fundamental.

A misa y a vender cañas.- Por aquí anduvo ayer la dirigente del OMPRI estatal, Érika Sánchez, que temprano desayunó con el dirigente del PRI y su secretaria general, Víctor Espinoza y Refugio Higuera, respectivamente.

A saber su visita tuvo que ver con el inicio de unos cursos para mujeres que el organismo que encabeza patrocina o promueve en este municipio.

Claro, el objetivo formal anunciado lo creyeron quienes tenían que creerlo, porque por otro lado la joven vino a decirle a las revoltosas que se oponen a la designación de Elvira Sánchez en el OMPRI local que mejor se apacigüen.

El proceso se llevará a cabo bajo convocatoria en el que puedan participar quien quiera: o lo que es lo mismo, podrán inscribirse mil, pero finalmente será quien tenga que ser bajo una democracia inducida.