Ahora puedes personalizar la edición que más se ajusta a tus preferencias.

Nuevo
Opinión

¡No está nervioso!

SAPIENZA
Avatar del

Por: Emmanuel

Durante mucho tiempo lo único que se conoció del Cristianismo fue lo poco que enseñó el catolicismo, en cuyos ritos se mezclan muchas tradiciones que no proceden de la iglesia primitiva. De unos años a la fecha, sin embargo, ha habido un despertar religioso que busca rescatar las prácticas del primer siglo del Cristianismo. Este despertar se manifiesta no sólo en la ayuda al prójimo y la convivencia entre miembros de las diferentes iglesias, sino a través de la conducción de los ritos religiosos. Siglos atrás, después de la Reforma Protestante en el siglo 16, los cultos conservaron su tradicional solemnidad que se manifestaba con silencio y música no estruendosa, tal vez en virtud de que en los ritos católicos –recordemos que los reformadores protestantes salieron del catolicismo— prevalecía esa seriedad pues a Dios se le concebía como alguien ante quien había que guardar la compostura. No se le veía como un Dios dispuesto a convivir con sus hijos. Se le veía como alguien distante y así se le trataba. Sin embargo, a raíz de los avivamientos surgidos a fines del siglo 19 en diferentes denominaciones protestantes y el derramamiento del Espíritu en muchos creyentes, la relación con Dios cambió. Ya no se le vio como un ser distante sino como a un padre amoroso con el que se podía hablar y ante quien se podían expresar los sentimientos con naturalidad. Se le vio como alguien que se gozaba con el gozo de sus hijos y se redescubrió que de hecho el mandato era que se entrara a sus atrios con gozo, con voz de júbilo e himnos de alabanza. Como en la antigüedad, se le comenzó a alabar con panderos y danza, con cuerdas y flautas. Los salmos están llenos de ese tipo de alabanza e inclusive ordenan que así se haga, como lo hacía el pueblo de Israel que iba con gozo, danza y voz de júbilo ante su Dios. En muchos casos se dejó atrás la solemnidad de las asambleas silenciosas. Hoy muchas reuniones se caracterizan por la expresión de gozo, la danza y los cánticos alegres. Pero sigue habiendo gente que prefiere los ritos tradicionales y no comulga con ese tipo de alabanza. Cuestionan: "¿Para qué tanto ruido? ¿Acaso Dios está sordo?" "Ciertamente no," contestarán otros, "pero tampoco está nervioso".