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No fue el 'Año del Coyote'

EL RINCÓN BEISBOLERO

Doblete. Lo que muy bien pintó en febrero para Matías Carrillo con respecto al 2014 se desdibujó en apenas cinco meses. De ganar la Serie del Caribe a ser despedido de dos equipos en la Liga Mexicana de Beisbol. Consultamos el calendario chino y no, éste no es el "Año del Coyote".

Primero lo pusieron fuera de los Leones de Yucatán apenas cumpliendo el primer cuarto de la temporada, y recién le dijeron "adiós" los Toros de Tijuana cuando restan menos de veinte juegos al calendario regular. Pudiera pensarse que hay un común denominador en ambos despidos y créame que ese no es precisamente que Matías sea un dirigente mediocre o incapaz.

Estamos de frente a una de las grandes realidades del beisbol mexicano: no hay visión de mediano, ya no digamos de largo plazo. No hay clubes (empresarios) que quieran actuar en un proyecto asumiendo todas sus fases, esperando a que cuando llegue la maduración, se vean los frutos. No, nada de eso: todo es cortoplacismo.

Cuando los Toros se hicieron de Matías, surgieron los "gas-station-believers" que cantaron loas y quemaron incienso. Apostaban todos sus denarios a que era "un movimiento para construir futuro" y maldijeron y denostaron a todo aquel que asumiera algo opuesto a su paradigma.

Ahora, a ver por dónde se tragan el orgullo y si es que les hace digestión.

Educación. Líneas arriba mencionamos que el cortoplacismo permea entre los directivos del beisbol mexicano, ninguno podría ser epítome de la paciencia y, es que a nuestro ver sigue habiendo torpeza para entender que lo que se debe vender es el espectáculo, no los resultados.

Sí de acuerdo, toda afición quiere un equipo ganador, pero antes de eso están los atributos del deporte hecho negocio. Vea usted el caso de los Cachorros de Chicago, no tendrán campañas ganadoras pero su estadio rebosa de gente que aprecia el beisbol.

Difícil que cada club "eduque" a sus mercados pero más difícil se hace cuando todo se dirige a ofrecer un resultado antes que el ambiente que ofrece un juego de beisbol. El que haya entretenimiento no implica que no haya pasión.

Y bajo esa línea de pensamiento, que si la directiva de los Cachorros vendiera solamente resultados, ahorita estaríamos hablando de que desde 1908 a la fecha, por su róster hubieran desfilado más mánagers que peloteros.

En México la costumbre se hizo ley y lo más elemental es despedir al mánager para justificar los malos resultados. Alguna vez escuchamos a un directivo decir: "un nuevo mánager por lo menos causa curiosidad y la gente va al estadio".

Lo de Matías Carrillo no es más que un capítulo adicional a ese gran libro de eventos en donde siempre el hilo se debe reventar por lo más delgado. Cuando un club habla de "proyecto" habla de "ganar hoy".

Dijimos. Antes de iniciar la temporada, justo cuando se anunció que Tijuana reemplazaba a Minatitlán, escribimos en este mismo espacio:

"Los ahora Toros de Tijuana son el mismo róster que prácticamente ocupó los últimos lugares de la zona Sur cuando eran Petroleros". Con eso lidiaron los aficionados de Minatitlán. Ahora estarán en la Norte y ni modo de colocarlos como favoritos.

Seguramente que la gente en Tijuana está enterada de ello y por lo tanto entenderán que el proyecto de mejora llevará tiempo, entendiendo también que habrá que invertirle dinero en refuerzos, jugadores de más peso y una mejor administración del talento.

No hay duda que este año no escucharemos cosas relevantes en lo deportivo, pero gracias a los monos de organillero, esto se sustituirá con "gran fiesta" y "magnífico ambiente".

¿Se habrá entendido? O mejor dicho, ¿se habrá querido explicar?