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SAPIENZA

A mucha gente le ha sorprendido la actuación del papa Francisco, calificándola de fresca y vigorizante para la iglesia, pero quizá ignoran que en esta época de la comunicación mucho está planeado con antelación. Sorpresa sería que pese al cambio exterior, se diera una sacudida al interior para conformarla a lo que fue la iglesia primitiva, de la que por siempre ha estado tan alejada. No basta con decir que se quiere una iglesia pobre y seguir poseyendo esas riquezas que mucho ayudarían para aliviar la pobreza de tantos, ni basta que se denuncie el homosexualismo o la pederastia que impregnan a la iglesia. Sorpresa sería que por una vez se actuara como corresponde, porque denuncias ha habido muchas. Texe Marrs, un evangelista protestante, citó en su boletín Flashpoint de julio de 1997 que en su tiempo el papa Paulo VI había declarado que el humo de Satanás había entrado al mismo santuario de la Basílica de San Pedro. Podría pensarse que alguien como Texe Marrs, que ha sido crítico igual de las prácticas masonas que católicas, miente. Pero no es así cuando alguien como el jesuita Malachi Martin, que habiendo pertenecido al alto clero y conocido sus entrañas, denuncia en sus libros que la pedofilia, tan común entre sacerdotes, es parte de los ritos satánicos que muchos de ellos celebran. Son declaraciones fuertes, pero en su momento no fueron atendidas. Como tampoco fueron atendidas las denuncias hechas en Roma en 1996 cuando en la conferencia Fátima 2000 Congreso Internacional Sobre la Paz Mundial, el arzobispo de Zambia, Emmanuel Milingo, afirmó que altos miembros de la jerarquía católica estaban involucrados en las formas más oscuras de satanismo. Las denuncias de años relativamente recientes no vienen sino a confirmar lo que la historia ha consignado sobre el Vaticano, y esos son los verdaderos asuntos que se deberían atender. Acciones de Francisco, como subir a un amigo al vehículo papal mientras recorre las calles, o besar a un niño, no cambiarán a la iglesia. Lo que se necesitan son acciones valientes, como las denuncias de Milingo y Martin, que, sabiendo cómo se manejan los hilos en el Vaticano, tuvieron el valor para lanzar un "yo acuso", que sigue esperando una respuesta. Sólo si se da la respuesta valiente acompañada de acciones correctivas, entonces sí, podrá afirmarse que verdaderamente la iglesia está cambiando. Antes no.