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No hay justificación que valga

LOS MOCHIS

Sara García Plaza se declaró culpable del crimen de su hijo de un año 6 meses, a quien asfixió presa de una crisis nerviosa tras perder su trabajo como supervisora de una cadena de farmacias. La confesión la realizó en su declaración preparatoria en la rejilla de prácticas del Juzgado Tercero del Ramo Penal, con lo que el caso está prácticamente resuelto para sentencia.

Ya sólo es cuestión de trámite las etapas procesales para formalizar la sentencia que podría mantener en prisión a García Plaza durante muchos años. La pena máxima es de 50 años.

En pocas palabras, la joven mujer describió el hecho resignada a pagar las consecuencias de su terrible acto: asfixiar a su hijo Arturo, de un año 6 meses, porque lloraba en el cuarto de la casa.

El llanto la hizo explotar, el clímax de sus problemas: se vio sola, sin trabajo, sin dinero y sin futuro cierto, lo que aparentemente le bloqueó la mente.

Su situación, el entorno en que se encontraba, ha generado compasión entre la sociedad, que están centrados en las causas que la orillaron a cometer esa infamia. Pero eso no la debe de deslindar de responsabilidades. A ella se le debe de aplicar la ley.

Como ella hay miles de mujeres y hombres que están en peores condiciones y no por ello se van a desquitar con sus seres queridos e indefensos, al grado de matarlos.

Todos los problemas tienen una salida.

Es cierto que el sistema segrega, excluye y que lleva a muchos a cometer actos ilegales y denigrantes para sobrevivir (robo, asaltos, prostitución, homicidios, traficantes de drogas, etc.), pero esto está sancionado en un estado de derecho.

Y más los actos en el que se le priva de la vida a alguien. En el caso de Sara García, como ella lo expresó después de cometer el crimen: no tiene perdón de Dios.

Tampoco de la justicia terrenal.