Opinión

No hay mujeres feas

A DOS DE TRES

Por: Marisa Pineda

"No hay mujeres feas, sólo mal arregladas", señalan los estilistas. "No hay mujeres feas sino copas de menos", sentencian los cantineros (y uno que otro patán, por llamarles decentemente). "No hay mujeres feas, sólo mujeres pobres", o maridos o patrocinadores pobres, puntualizan otras mujeres. Así era hasta que se inventaron las cundinas o, por decirlo en términos de mercadotecnia, el autofinanciamiento de cirugías plásticas y de todos aquellos recursos que la medicina estética, cosmética y antienvejecimiento tiene a su disposición para que se sienta bien, en caso de no estar conforme con lo que la naturaleza le dio o con la pátina que ha dejado el paso del tiempo.

La cirugía plástica (del griego plastikos, dar forma) tiene una larga historia. Papiros egipcios refieren reconstrucciones faciales a heridos de guerra, realizadas tres mil años antes de Cristo. En la India del año 600 antes de Cristo, a las mujeres infieles se les castigaba cortándoles la nariz, y a los prisioneros de guerra se les cortaban nariz y orejas; para ambos el cirujano Súsruta desarrolló procesos de reconstrucción a base de injertos por los cuales se le reconoce como el "Padre de cirugía plástica de la antigüedad". El médico italiano Gaspar Tagliacozzi (Bolonia, 1546-1599) desarrolló una particular técnica para la implantación de nariz, por la cual se le llamó el "Padre de la cirugía plástica moderna". Eugene Hollande, en 1912, fue pionero en el lifting o levantamiento del rostro. En 1930, Schuarzmann aplicó los primeros implantes mamarios consistentes en dos esferas de cristal (¡Aaauch!) y en 1962 se emplearon por primera vez los de silicona. En 1977, el médico francés Illouz realizó la primera lipoaspiración y en 1990 el también francés Jean Paul Caux utilizó los hoy populares hilos de oro para levantar los tejidos del rostro. Como ve, es un largo camino que se bifurca para dar lugar a la medicina estética (del griego aisthetikos, aquello que se percibe con los sentidos, como la belleza).

Y si bien, el propósito inicial de esas ramas de la medicina fue ayudar a quienes en guerras o accidentes perdieron alguna parte de su rostro, para pronto las manos expertas estuvieron listas para ayudar a la naturaleza a perpetuar aquello de; qué bonito es lo bonito. Pero —aquí viene el cochino pero— había un problema, de contado efectivo, los tratamientos no son accesibles para cualesquier bolsillo.

Afortunadamente, la mercadotecnia ha hecho lo suyo y a las ofertas iniciales de pago con tarjeta de crédito a muchos meses sin intereses se sumó la posibilidad de la cundina o tanda. Este mecanismo de autofinanciamiento permite acceder a implantes de senos, de nalgas, a liposucciones, lipoesculturas, a mejoramiento de la nariz, del mentón, a que las orejas no se vean como carro con las puertas abiertas, a sesiones de bótox, de ácido hialurónico y a todo lo que la medicina estética y la plástica tiene a disposición para que se sienta cómoda, o cómodo, con su apariencia.

Nada más que el concepto de belleza es ambiguo, y el diminutivo "arreglito", lo es más, y de pronto uno encuentra seres cuyo ideal de labios carnosos es como de boxeador castigado y parece que en vez de rellenárselos con colágeno les pusieron nube esfera. O jóvenes que llevan el término voluptuoso al extremo y ostentan unos senos que parecen inspirados en los dibujos del Libro Vaquero o de alguna historieta de manga erótica. O quienes convierten su trasero en un homenaje a los payasitos de los cruceros, con prótesis que parecen hechas de borra y a cuyo paso a uno sólo le queda exclamar: en gustos se rompen géneros, y si así se siente bien, muy su dinero, que a final de cuentas ya lo dice la canción "no hay mujeres feas, todo depende del cristal con que las veas."

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones por favor en: adosdetres@hotmail.com. En Twitter, @MarisaPineda. Anímese a divertirse leyendo un libro y, mientras, que tenga una semana bien bonita. Gracias.