Opinión

No más secretos

A DOS DE TRES

Por: Marisa Pineda

No más hígados llenos de piedritas. No más amores platónicos. No más tragarse los corajes. No más callarse las alegrías. Ya está aquí Secretos, la red social que está causando furor porque en ella no hay nada inconfesable y al amparo de un anonimato a prueba de 'hackers' lo mismo puede declarar su amor, que despotricar, burlarse de quienes le rodean o calumniar hasta el hartazgo. Le platico.

Antes de que hubiera internet los secretos se contaban en las paredes, sobre todo de los baños. Paredes, puertas y hasta espejos de los sanitarios eran la red social por excelencia para los amores inconfesados. Bastaba con dibujar el nombre de los protagonistas y encerrarlo en un corazón para que no faltara el acomedido o acomedida (según el baño en el que se hubiera escrito el mensaje) que divulgara el asunto hasta que llegara a oídos del o de la interfecta. Sin embargo, había a quienes la timidez les ganaba y sólo anotaban las iniciales, complicando el trabajo de investigación para dar con los protagonistas. Esas paredes eran también el medio idóneo para los libelos, pues la otra vía era escribir a máquina, soltar el infundio cual hoja al viento y dejar que la maledicencia hiciera lo suyo. El otro camino era llamar por teléfono, soltar la ponzoña y colgar sin identificarse.

Con su aparición, el internet amplió las posibilidades de comunicación y de anonimato. Resultó que en internet se puede ser lo que se le dé la gana; del sexo, edad, estado civil, profesión y nacionalidad son a libre elección. Por ejemplo, tengo varios contactos que en su ficha dicen ser oriundos de Timbuctú y son más 'culichis' que el Puente Negro.

Con el internet llegaron las redes sociales y pese a que en ellas abundan los apodos y la suplantación de nombres ha resultado relativamente fácil rastrear a los usuarios, lo cual ha propiciado que haya quienes reconsideren los contenidos de sus publicaciones.

Pues justo para esos casos se creó Secretos que funciona más o menos así: una persona descarga la aplicación y añade contactos sin que estos sepan quien los agregó. Quien los añadió tampoco sabrá quienes se sumaron a su lista, pues jamás aparece ningún dato que pueda revelar la identidad de los usuarios. Sólo se verán los mensajes. Los usuarios se enterarán de todo lo bueno y lo malo, propio o ajeno, que desee compartir sin que se sepa quién lo difundió.

La aplicación Secretos se lanzó a principios de este 2014, tuvo su origen en Silicon Valley, California. Dicen los que dicen saber que la desarrollaron empleados de las empresas de tecnología asentadas ahí como una forma de gritar en el ciberespacio sus enojos y frustraciones, sin el riesgo de ser rastreados por quienes firman sus cheques y terminar despedidos.

La aplicación, originalmente diseñada para teléfonos celulares, ahora con posibilidades de compartir mensajes en redes sociales, ha sido plataforma para hacer blanco de escarnio a todo aquel que nos caiga mal, confirmando aquello de que es más barata una hora de internet para descargar en los demás nuestras frustraciones, que enfrentar a nuestros demonios en una hora con el sicólogo.

Si ya de por si el acoso escolar en redes sociales ha llevado a más de un plebe al suicidio o al homicidio, ahora dimensione ese acoso amparado en el anonimato. Como dicen los del Departamento de Tecnología de A dos de tres: el internet puede sacar lo mejor y lo peor de las personas.

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y hasta felicitaciones, por favor en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro y mientras, que tenga una semana libre de maledicencias.