Opinión

Cuanto más se quiere, más se requiere. Motivación para enseñar

COMPROMISO EDUCATIVO

Por  Nora Valenzuela

El día de 19 de enero de 2021 finalizamos un curso de capacitación a docentes de CETis 107 sobre planeaciones de clase en tiempo de pandemia. Agradecí a los directivos de la institución por la invitación de ser facilitadora, instructora, educadora, guía en este curso, con más de 40 docentes con quienes comparto el gusto por la enseñanza y a quienes agradezco su compromiso y perseverancia para participar, realizar las actividades y acreditar el curso. Compartimos experiencias de trabajo colaborativo intenso, desafiante, creativo y esperanzador; 18 horas en clase y otra más de agenda personal y familiar de cada participante para llevar a cabo las actividades. Muchas horas más de mi parte para revisar y brindar retroalimentación. La finalidad del curso se resume en una palabra: motivación, motivarnos, motivarse, motivar.

El sustantivo es motivación, que refiere a la acción, al movimiento, a movilizarnos de un punto a otro para lograr algo. La fórmula de la motivación, convertida en acto, refiere a dar contenido a una expectativa de eso que se quiere lograr, mas impulsar el movimiento hacia el logro otorgando valor a eso que se desea. Si se desea o se quiere “mucho”, la fuerza para lograr la expectativa es intensa. Si la expectativa es alta, se requiere más esfuerzo para llegar a ella. Si se define una expectativa y se atribuye valor a esa expectativa, el movimiento tiene figura, destino, dirección y fuerza. Podemos decir que cuanto más se quiere, más se requiere.

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Cada persona decide qué lo motiva y cuánto lo quiere como para esforzarse en lograrlo. Si la persona confía en que lo puede lograr, la fórmula tiene garantía de eficacia. Esto es lo que estuvo en juego en la capacitación. Cada uno de los más de 40 docentes, durante cinco sesiones de trabajo en ambiente virtual, recorrió un camino de ganar confianza en que saben, pueden y quieren enseñar. Camino que se esboza en una planeación de clases y se concreta cuando cada docente desarrolla una clase idónea con los estudiantes haciendo uso de los recursos tecnológicos y brindando el servicio educativo en ambientes virtuales.

Como toda profesión, en nuestro país, ser docente en bachillerato, incluso en educación superior, tiene su propia deontología, es decir, su código de ética para ser y ejercer como un profesional de la enseñanza. Entendamos esto, un profesional de una licenciatura cualquiera, por ejemplo, un ingeniero industrial, o en electrónica, o en bioquímica, puede ser invitado a dar clases de matemáticas u otra asignatura de las ciencias exactas; su formación profesional brinda algunas certezas de que la persona “sabe” sobre el contenido por enseñar en la clase de matemáticas. Esta es solo una de las condiciones para decir que puede ser docente,  ¿qué hace falta? Que la persona “sepa” cómo enseñar, que conozca de pedagogía y de didáctica, que conozca cómo enseñar en general, y en este ejemplo de la asignatura de matemáticas, que sepa cómo enseñar en ciencias exactas en lo particular, es decir, conocer sobre una didáctica específica. Además –esto es lo más desafiante–, se requiere que “quiera” enseñar, que lo quiera hacer muy bien, como un profesional de la enseñanza. Entonces la persona que es docente en bachillerato y educación superior, debe ser un profesional en su carrera –la que esta sea–, y un profesional en la enseñanza. En tal sentido, el punto de reflexión hacia el cual encaminé a cada docente participante en el curso es: ¿quiero hacerlo?

El querer nos conecta con la motivación y con las actitudes de la persona que es docente. Una persona que, en un acto libre, voluntario, consciente, dice que quiere ser docente, empieza a conjugar el verbo motivar. El sustantivo de motivación se conjuga como motivarse (primero ella o él, en lo personal y en lo profesional) para tener intención de querer motivar a otros, en este caso a los estudiantes, querer moverlos de un aprendizaje sencillo hacia un aprendizaje cada vez más amplio y complejo en su paso de un día a otro, de un parcial a otro, de un semestre a otro, de un año a otro, hasta egresar. En el curso propuse a los docentes diversas herramientas para que ellos quieran enseñar y quieran hacerlo bien, pensando en todo momento en los estudiantes, porque el fin de la educación es justamente su aprendizaje.

Colocado al centro el aprendizaje, y lado a lado dos personas, el docente y el estudiante, la fórmula es eficaz cuando ambas partes quieren aproximarse hacia el centro. La circunstancia, cuando se trata de enseñar en bachillerato, es que el estudiante sigue siendo menor de edad, está en una etapa de configuración de su identidad como persona, con actitudes de desafío a la autoridad, de cuestionamiento de las cosas, en búsqueda de algo que ellos mismos pueden no saber con certeza qué quieren y qué buscan; circunstancia que convoca al docente, que es “el adulto” en esa relación, a conjugar el verbo de la motivación. En esta conjugación le ayudan tres actitudes: respeto, congruencia, empatía.

No es fácil, es un tremendo desafío. Si la persona eligió enseñar, eligió también este desafío. Vaya que el curso fue intenso, y agradezco a todos los docentes que confiaron en ellos mismos, en su institución, en mí, en sus estudiantes incluso, para llegar al punto de arribo: un cierre de la capacitación con una evocación a su mejor maestra o maestro, a esa persona que, en la niñez y juventud de cada docente participante en el curso brindaron un ejemplo a seguir de cómo ser un buen docente; a esa figura que dejó huella en sus vidas, los participantes en el curso dedicaron una carta expresando el compromiso que eligen atender si quieren continuar siendo docentes. Las cartas que construyeron en trabajo colaborativo, entre colegas, muchos de ellos amigos, como una actividad de cierre de curso que brindó textos creativos, que tocan fibra sensible, motivantes, esperanzadores. Qué gusto estar en este camino y coincidir con ustedes, maestros. Somos apasionados de la enseñanza.

A usted, lector, lo invito a querer enseñar en su hogar a los menores de edad presentes, usted tiene la mejor didáctica, el ejemplo a seguir, ser un modelo de persona que ellos quieran imitar. Lo desafío. Después me cuenta. 

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