Opinión

La crisis de enseñar en tiempos de pandemia

COMPROMISO EDUCATIVO

Por  Nora Valenzuela

En un compromiso de capacitación a docentes, conversando con los asistentes al curso sobre el regreso a clases en tiempos de pandemia, hubo quien expresara que es muy probable el continuar enseñando en ambientes virtuales en lo que resta del ciclo escolar, hasta junio de este año 2021. El confinamiento continúa. En la conversación se escucharon voces diversas sobre esta experiencia de trabajo, una de las cuales se sintetiza en la palabra crisis. En efecto, para las y los docentes, la enseñanza en tiempo de pandemia puede vivenciarse como crisis.

Crisis es un término que se asocia con un cambio de gran impacto, cuyas consecuencias movilizan una situación personal de vida, de carrera, de familia, laboral, entre otros ámbitos. Cambia la forma en la que tal situación se había experimentado, o el valor que se le había atribuido, o las emociones que desencadena. Crisis es movimiento. Un docente en crisis es un grupo de estudiantes en crisis.

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El confinamiento por la pandemia nos ha movido como familia humana y es probable que continúe generando crisis, razón por la cual necesitamos aprender a reorientar el movimiento. Me sumo con los docentes que han cuestionado cómo cuidar el valor de la educación desde los ambientes virtuales, y que han cuestionado también cómo se está (des)valorizando la labor del docente en este escenario actual; entiendo que ante un cambio profundo podemos elegir el rumbo del movimiento que genera, si se cuenta con la ayuda de la institución escolar. Estamos enseñando como se puede, no como se desea; estamos enseñando en función de cómo cada institución escolar lo facilita. Y en los escenarios de lo posible también entiendo que el uso de la tecnología como recurso, medio, modalidad, ambiente de aprendizaje, es un “algo” disponible para que cada docente oriente su uso con creatividad, superando la actitud de relegarse en la zona de lo desconocido o lo imposible.

El desafío de lograr que un grupo de estudiantes atienda una clase ya formaba parte del repertorio diario de todo docente en el escenario previo a la pandemia; a la fecha, el desafío deriva en crisis porque el docente está puesto a prueba en un eje central del desempeño: su actitud. No basta con ser experto en el tema o temas de la clase, no basta con tener experiencia en la materia, es necesaria una actitud de querer fluir con el cambio abrupto de pasar de una modalidad escolarizada en presencia y espacio, cara a cara, a una modalidad a distancia, “face to face” a través de un dispositivo o equipo tecnológico, en ambientes virtuales. Los invito a considerar que, en esta transición, cada institución educativa ha sido convocada para facilitar a los docentes el tránsito de una modalidad a otra; con quienes quieren, se avanza mejor, pero es necesario insistir que a ciertos docentes se les dificulta más que a otros.

Activar la atención de las y los estudiantes en una sesión de clase implica un proceso complejo, mental y emocional, para ambas partes: quien enseña y quien aprende.

Quien piense que dar una clase en un ambiente virtual es sencillo, ponga a prueba ganar y mantener la atención de una persona a través de un dispositivo tecnológico durante un minuto. A quienes deciden continuar en el camino de la enseñanza, manifiesto mi reconocimiento por elegir aprender a usar la tecnología y mostrar la mejor actitud, eso es lo que reiteradas veces pedimos a los estudiantes, disposición y actitud para aprender, ¿cierto?

Aplaudo a las instituciones que han acompañado a los docentes en un proceso de aprendizaje y orientación para el uso de la tecnología al servicio de la enseñanza. Aplaudo a los docentes que han vivenciado el miedo y han elegido superarlo solicitando ayuda. Aplaudo a los estudiantes que han ayudado a sus maestras y maestros, con paciencia, respeto y empatía. Aplaudo a quienes siguen confiando en los docentes por su experiencia y compromiso, que pueden fluir mejor en el cambio profundo generado por la crisis porque cuentan con el mejor aval: la confianza de los estudiantes, de la institución en donde colaboran, e incluso de los padres de familia. Recordemos que la confianza se gana, no se contrata.

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