Opinión

Premio a las mujeres que trascienden, educan, motivan, empoderan

COMPROMISO EDUCATIVO

Por  Nora Valenzuela

Los distintivos se ganan. Cuando se ganan, se celebran. Y cuando se celebran se vuelven una historia para narrar por su fuerza para educar, motivar, empoderar. Algunos distintivos son pautados por organismos internacionales que reconocen a diversas personas por quienes son y por lo que hacen en bien de otros, cuyo testimonio se vuelve un ejemplo para la familia humana. Marzo puede considerarse un mes emblemático para recordar algunas distinciones, como el Premio Nobel por la Paz que ha sido otorgado a diversas mujeres a lo largo de la historia, en 12 ocasiones:

Primero, otorgado a Bertha von Suttner en 1905, ciudadana de Austria-Hungría, quien fungió como presidenta honoraria de la Oficina Internacional por la Paz, en Berna, Suiza, y se le reconoce su obra literaria Lay down your arms (¡Abajo las armas!).

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Segundo, lo recibió Jane Addams en 1931, ciudadana estadounidense, socióloga y activista social, defensora del feminismo, quien fuera presidenta de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

Tercero, premio otorgado a Emily Greene Balch en 1946, ciudadana estadounidense, profesora de historia y sociología y defensora de movimientos sociales, con cargo honorario en la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

Cuarto, el premio lo recibieron Betty Williams y Mairead Maguire en 1976, ciudadanas de Reino Unido, por su labor como Fundadoras del Northern Ireland Peace Movement (Movimiento por la Paz de Irlanda del Norte), después renombrado Community of Peace People (Comunidad de Gente Pacífica).

Quinto, distinción otorgada a la Madre Teresa de Calcuta en 1979, por su noble labor como Líder de las Misioneras de la Caridad.

Sexto, premio recibido por Alva Myrdal en 1982, ciudadana sueca, por su destacado aporte como diplomática, escritora y su participación previa como ministra del gabinete.

Séptimo, recibido por Aung San Suu Kyi en 1991, ciudadana de Birmania, por su lucha libre de violencia en defensa de los derechos humanos y en pro de la democracia.

Octavo, premio otorgado a Rigoberta Menchú en 1992, ciudadana guatemalteca, por su ardua labor en la procuración de justicia social y abogando por el respeto de los derechos de los pueblos indígenas ante el ideal de reconciliación cultural entre etnias.

Noveno, recibido por Jody Williams en 1997, ciudadana estadounidense, en reconocimiento a su incansable trabajo para la limpieza y prohibición de minas antipersonales (minas terrestres diseñadas para matar o incapacitar a sus víctimas).

Décimo, otorgado a Shirin Ebadi en 2003, ciudadana iraní, en reconocimiento por su lucha en defensa de los derechos humanos, particularmente de mujeres y niños, y en pro de la democracia.

Décimo primero, el premio fue para Wangari Maathai en 2004, ciudadana de Kenia, ferviente defensora de las mujeres, guiándolas en actividades que contribuyen con el desarrollo sustentable, la democracia y la paz.

Décimo segundo, premio recibido en 2011 de forma simultánea por tres mujeres, Ellen Johnson-Sirleaf y Leymah Gbowee, ciudadanas de Liberia, y Tawakel Karman, ciudadana de Yemen, 2011; las tres impulsando la lucha sin violencia por la seguridad de las mujeres y la defensa de su derecho a participar plenamente en pro de la paz.

Décimo tercero, premio otorgado a Malala Yousafzai en 2014, oriunda de Pakistán, país del que fue exiliada, ciudadana de Reino Unido, desde donde continúa activa en su lucha contra la represión de niñas, niños y jóvenes en su país de origen y el mundo, y su derecho a la educación.

Décimo cuarto, el premio para Nadia Murad en 2018, ciudadana iraquí, quien aboga por erradicar el uso de la violencia sexual en contextos de guerras y conflictos armados.

Además del premio Nobel por la paz, se ha otorgado el premio Nobel a otras mujeres por su contribución en diversos ámbitos de la ciencia y el arte. El punto de coincidencia es que todas ellas son apasionadas en su ser, querer, decir y hacer; su pasión como ciudadanas del mundo hizo, hace y hará posible que sus contribuciones trasciendan la vida de tantas personas alrededor del planeta, por generaciones y generaciones. Le invito a conocer la historia y testimonio de estas mujeres.

La convocatoria continúa abierta para todas y cada una de las mujeres en nuestra familia humana. Hagamos del premio Nobel un premio cotidiano para cada mujer que lidera procurando el bienestar de los demás, mujeres que se convierten en historias dignas de narrar, interesantes y enriquecedoras historias de vida cuya fuerza impulsa a otras mujeres y a personas en general, como un testimonio que educa, persuade, motiva, empodera. Una mujer líder para el bien común, es garantía de respeto por la vida, la familia, la sustentabilidad, el amor y la paz.

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