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Nuestra desgastada oferta política

Hoy, que tres nuevos partidos se han incorporado a la vida institucional, vale la pena revisar cómo se ha movido la oferta política en México, es decir, qué tipo de propuestas ideológicas y programáticas se han constituido y cómo han logrado arraigarse como referentes electorales.

Alcanzo a identificar cuatro grandes momentos en la trayectoria de la oferta política, desde el inicio de nuestra transición a la democracia:

1) En 1977, la reforma política abrió el sistema de partidos y de representación, principalmente a formaciones de izquierda que venían haciendo trabajo político y organizativo y que reclamaban su registro desde inicio de los años setenta (Partido Comunista, Socialista de los Trabajadores, Mexicano de los Trabajadores, entre otros). Su incorporación inyectó pluralidad a la oferta política de entonces, formada por el PRI y sus satélites (PARM y PPS) y el PAN.

2) 1988 fue un momento de articulación de las fuerzas de izquierda y la Corriente Democrática desprendida del PRI para promover la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y sumar fuerzas para enfrentar al todavía partido hegemónico. De esa gran coalición, surgió el PRD que se estableció como el referente de izquierda democrática y que sirvió de paraguas para los demás partidos ubicados en dicha corriente ideológica. Las amplias coaliciones alrededor del PRD permitieron que partidos emergentes conservaran su registro oficial, incluso sin necesidad de probar que tuvieran el respaldo ciudadano necesario del 2%. El caso más negativo fue el de Sociedad Nacionalista (PSN).

3) Durante los noventa y sobre todo después de 1994, en que la competencia política fue penetrando en las elecciones locales y municipales, aparecieron nuevos partidos que abarcaron tanto propuestas tradicionales de izquierda (Partido del Trabajo, el hoy Movimiento Ciudadano), como la nueva agenda de derechos humanos (Socialdemócrata, Alternativa Social-demócrata, Democracia Social) y el Verde Ecologista que conquistó un nicho particular, entre otros. De nueva cuenta, la supervivencia de estas corrientes dependió de que se aliaran con alguno de los tres grandes partidos y la suerte de los que se empeñaron en jugar solos los llevó al desgaste y a su desaparición. Alcanzar el 2% de la votación, sin una coalición electoral, ha resultado una meta difícil de alcanzar, además de que ahora se elevó al 3%

4) La apertura del sistema de partidos este año, después de estar cerrada durante seis años, porque en 2007, cambio la ley para ya no se hiciera cada tres años, muestra que los requisitos para registrar a un partido son cada vez más difíciles de cumplir, y ello lejos de haber estimulado la formación de nuevas formaciones, la ha restringido severamente. Sin duda, MORENA es el único de los tres nuevos partidos que tiene una base social muy amplia y consistente y con presencia en buena parte del país. A pesar de su fuerte identificación con la persona de López Obrador, su penetración social es producto de muchos años de trabajo político. Las otras dos formaciones, Partido Humanista y Encuentro Social, están animadas por dirigentes con experiencia política en partidos de diferentes signos ideológicos y carecen de un despliegue político propio, salvo el necesario para cumplir los requisitos. Curiosamente, los tres nuevos partidos comparten una concepción conservadora de la política, pues lejos de querer airear el debate ideológico y programático, reivindican enfáticamente posiciones morales. Se presentan como alternativas al deterioro de la vida política del país y al desprestigio de los partidos existentes y ninguno pone énfasis en la agenda de los derechos humanos que hoy constituye el horizonte progresista. Con los nuevos partidos, queda claro que el modelo de registro y permanencia está lejos de cumplir el objetivo de enriquecer nuestra desgastada oferta política.

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