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Nuestras niñas de Nigeria

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

En pleno siglo XXI resulta inconcebible –a más de aterrador e indignante– el secuestro colectivo de más de 200 niñas nigerianas, suceso conmovedor que ha acaparado, y ojalá siga congregando, la atención mundial.

¿Quién podría haber imaginado que ocurriera en estos tiempos tal monstruosidad? ¿Qué clase de mente enferma es capaz de decidir tan desquiciada operación? ¿Quiénes son aquellos decididos a perpetrar una fechoría de esas dimensiones –numéricas pero, sobre todo, humanas que parecería imposible de realizar?

Sólo un grupo demencial pudo haber concebido y cometido semejante atrocidad. Se trata, ciertamente, de musulmanes extremistas que justifican sus aviesos fines pretendidamente religiosos sin importar los medios de los que echan mano para alcanzarlos.

Los culpables del secuestro de las estudiantes nigerianas de secundaria son los integrantes del grupo radical islámico Boko Haram, que en su nombre llevan la descripción, pues en su idioma ese nombre significa "La educación occidental es pecado".

Este grupo perpetró el pasado 14 de abril el rapto de dos centenas y media de jovencitas estudiantes de una escuela secundaria para niñas en Chibok, en la región de Borno, en el noreste de Nigeria, a las cuales –salvo algunas que escaparon o murieron en el intento de huir o durante la captura mantienen secuestradas.

Es difícil concebir que a más de un mes de que se registrara tan nefasto suceso, las jovencitas no hayan sido localizadas y rescatadas.

También me pregunto por qué la Organización de las Naciones Unidas no actúa más a fondo para atender este asunto inaceptable. Y no solamente ese organismo internacional, sino muchos países que bien pudieron formar una alianza para investigar el paradero de las niñas y conseguir su liberación, así como para atacar a esos terroristas sin miramientos alguno y enjuiciar tanto a sus líderes como a los demás integrantes de esa organización de fanáticos que, por cierto, ya ha causado miles de muertes en Nigeria. Pues cabe señalar aquí que a este grupo de seres deshumanizados se le atribuyen más de tres mil muertes ocurridas en Nigeria entre 2009 y 2013, la mitad de ellas solamente en lo que va de este año.

Ante este hecho desgarrador, en todo el mundo se ha emprendido una movilización social y una denuncia bajo el lema "Traigan de vuelta a nuestra niñas" –en Twitter, #BringBackOurGirls o, en español, #DevuelvanANuestrasNiñas , a la que se han sumado cientos de miles de ciudadanos en la redes sociales, al igual que actores, músicos, políticos y otros personajes famosos, aunque, por supuesto, no han faltado oportunismos y falsedades.

Cabe recordar que si bien Nigeria cuenta con valiosos recursos naturales, como el petróleo, alrededor del 70% de su población vive en la pobreza, la insalubridad y el desempleo generalizado. Comento esto porque quiero llamar la atención sobre un asunto: de ninguna manera este reprobable hecho debe ser pretexto para que Estados Unidos y otros países poderosos violenten la soberanía de esa nación –a pesar de sus graves conflictos internos , sobre todo porque hay la sospecha de que su interés verdadero es arribar a ese territorio, sentar su presencia y luego explotar la riqueza nigeriana sin que a nadie le importe que se perpetúe la pobreza ancestral de ese lugar.

Es evidente que se necesita un cambio en ese país africano, pues todavía predomina ahí una cultura machista que somete a las mujeres a un patriarcado autoritario, el cual las convierte en objetos carentes de derechos. Muy lejos están, resulta obvio, de siquiera plantear la equidad de género, situación que indirectamente incide en ataques de esta naturaleza y magnitud.

Urgen más acciones y mejor concertadas para acabar con estas situaciones insostenibles, sin que importe con qué ideología o religión se justifican esas injusticias. Pero, sobre todo, urge el regreso de cada una de esas niñas a sus hogares.

Una vez a salvo todas esas jovencitas (porque deseamos que así termine esta angustiosa historia), se deben tomar medidas para que una situación de esta magnitud jamás se vuelva a presentar. Y, también, para que se vayan creando las condiciones para que las mujeres de ese país, de todo el continente africano y del mundo entero tengan posibilidades de crecimiento en una sociedad igualitaria, en la que haya educación, trabajo, salud y justicia para todos.

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