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Nueva era... ¿será?

MAZATLÁN

La promesa del gobierno de Sinaloa es que la llegada del gas natural a Sinaloa va a ser la punta de lanza para la industrialización del estado. Será, dicen, lo que el estado necesita para ser competitivo en el tema de las manufacturas respecto a otros países – como algunos asiáticos - con la ventaja de que el gas natural será más barato en México para los inversionistas extranjeros.

Otro punto a favor es la ventaja de la distancia con Estados Unidos, uno de los mercados más importantes del mundo y principal destino de las exportaciones mexicanas. Las tuberías para el tramo del gasoducto que conectarán de El Oro a Mazatlán ya empezaron a llegar por el puerto de Topolobampo hace unas semanas.

El entusiasmo del director de Proyectos Estratégicos del gobierno estatal, Francisco Labastida Gómez, es que en unos 15 días se empezará a construir este tramo. No todo, sin embargo, es "miel sobre hojuelas" con este proyecto, pues en el estado norteamericano de Arizona hay fuertes críticas y hasta se está pidiendo indemnización por los efectos que el paso del gasoducto va a tener por sus tierras, específicamente por su zona desértica.

Para los americanos otra preocupación es que el gasoducto podría ser una puerta de entrada para contrabandistas e inmigrantes ilegales. Así con todas sus letras lo han denunciado.

El "epicentro" del conflicto por ahora tiene su epicentro en el condado de Prima, en Arizona. Sin embargo, el negocio supera los 3 mil millones de dólares, esto sin contar lo que la venta misma del gas natural les va a beneficiar del otro lado de la frontera.

Por ahora el proyecto no ha tenido gran oposición de este lado de la frontera, pero sin duda se deben considerar los daños al ambiente para minimizarlos, así como los temas del derecho de paso con los dueños de las tierras y sin duda, garantizar que su instalación no represente un peligro más para los habitantes del estado.

Una vez en operación, proyectada para 2016, hará falta la promoción para atraer inversiones, porque ya tenemos antecedentes de que la infraestructura por sí misma no es garantía de bonanza, como prueba de ello está el centro de convenciones.