Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Nuevo titular de la Auditoría, discurso y práctica

POLITEIA

A Doña Aída Olivas Salas

Las tareas de transparencia y rendición de cuentas, de auditar el ejercicio de los recursos públicos y establecer un sistema de sanciones y castigos a quienes hagan un uso indebido de los bienes que tienen bajo custodia, es algo relativamente nuevo entre nosotros, a diferencia de otros países, en los que estos asuntos han pasado a formar parte de su vida cotidiana desde hace muchísimos años.

La nuestra es una sociedad abierta apenas en construcción. Fue durante decenios una sociedad cerrada, sin un sistema de pesos y contrapesos que limitara el ejercicio arbitrario del poder; y que permitía una práctica patrimonialista que consideraba los asuntos públicos como una extensión de los asuntos privados. Fue gracias a la transición democrática emprendida en el último tramo del siglo pasado que las cosas empezaron a cambiar.

Por eso en la sociedad cerrada no se rendían cuentas, se disponía del presupuesto de manera atrabiliaria y las funciones de fiscalización eran un mero adorno. No había, en suma, un modelo de control recíproco de poderes, característico de la sociedad democrática, para contener los excesos del poder y castigar los actos de corrupción. Así, las instituciones que nosotros hemos ido construyendo en estos años son relativamente nuevas y están aún en proceso de aprendizaje.

Y cuando digo que están en proceso de aprendizaje no me refiero a que los problemas que aborda sean excesivamente complejos, sino a la pervivencia de una cultura de la opacidad, de connivencia que teje una densa red de complicidades circulares y que resulta sumamente difícil desmontar de la noche a la mañana. Eso explica la contraparte de la cultura de la opacidad, que es la cultura de la desconfianza ciudadana frente a los actos del poder, que muy pocas veces se someten al escrutinio público.

Diría que aquí está la clave de los asuntos que deberían revisarse en el marco de la designación del titular de la Auditoría Superior del Estado. Para ocupar el cargo hay profesionales muy calificados, con una sólida formación universitaria y con trayectoria en la administración que les ha permitido contribuir a ampliar y agregar valor al espacio de lo público.

Destacaría entre ellos a César Valenzuela Espinoza, académico universitario, durante muchos años servidor público y egresado de la que también ha sido mi casa, el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, de Madrid, España. Hace unos 10 años, a propósito de estos temas, Valenzuela Espinoza escribía lo siguiente:

"En apenas unos años se ha acelerado el paso de la criptocracia a la democracia. El régimen cerrado y sus amigos, que durante décadas han monopolizado el espacio de lo público, han ido cediendo terreno paso a paso y hoy conceptos clave como transparencia y rendición de cuentas articulan y definen un nuevo discurso político que debe traducirse en nuevas prácticas profesionales para hacer irreversible este fenómeno."

La designación del nuevo auditor, entonces, sería una excelente oportunidad para transformar el discurso, la teoría, en las nuevas prácticas institucionales que contribuyan a afianzar el orden democrático en Sinaloa.

[email protected]