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Oceanografía, ¿venganza política?

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Martín Díaz, el socio minoritario de Oceanografía, se encuentra en problemas legales cruzados con políticos por razones de sangre. Amado Yáñez Osuna, principal accionista de la empresa, lo señaló como responsable de la relación de la petrolera con el banco, y la PGR busca una orden de aprehensión para solicitar a Interpol que lo detenga en donde se encuentra en el mundo. Díaz se fue de México días después de la inhabilitación de Oceanografía a mediados de febrero por presentar fianzas falsas a Pemex, y como Yáñez Osuna, piensa que todo el caso tiene un tamiz político. Información que ha trascendido en la última semana apunta a que, cuando menos en el caso de Díaz, sí hay un trasfondo político que tiene que ver con su tío, Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda en el gobierno de Vicente Fox.

Díaz, que recibió como prestación 10% de las acciones de Oceanografía a cambio de realizar la ingeniería de la empresa que estaba en serios problemas durante el gobierno de Felipe Calderón, recibía todo tipo de canonjías de Yáñez Osuna, con quien no tenía una relación del todo cordial. Yáñez Osuna no lo despidió porque pensaba que las líneas de crédito de Banamex, que realizaba el factoraje con Pemex por los trabajos de Oceanografía, dependían de él. Díaz, de acuerdo con personas que conocieron esa relación, lo tenía sibilinamente amenazado con el parentesco de su tío que siempre presumía, y la amistad e influencia de Gil Díaz y suya sobre directores de Banamex.

Gil Díaz fue miembro del Consejo de Banamex-Accival, la casa de bolsa del banco, y director ejecutivo de Avantel, la empresa de telefonía donde los dueños eran Banamex y la estadounidense MCI –más adelante comprada por Verizon–, hasta que respaldado por Roberto Hernández, uno de los principales accionistas del banco y cercano al presidente Vicente Fox, fue nombrado secretario de Hacienda. Díaz entró a Oceanografía en 2009, cuando su tío ya no era funcionario público, pero cinco años después se encontró con una serie de odios acumulados que han galvanizado su persecución jurídica.

La información sobre la faceta oculta de la venganza sobre Gil Díaz –proyectada en su sobrino–, tiene que ver con las acciones del secretario de Hacienda de Fox en contra de Arturo Montiel, en ese entonces gobernador del Estado de México, su exesposa Maude Versini, y Luis Miranda, secretario de Administración y Finanzas en su administración, para poder llevarlos a la cárcel acusados de peculado y enriquecimiento ilícito.

La denuncia contra ellos la hizo el entonces regidor en Tlalnepantla, el perredista José Luis Cortés Trejo, en la PGR, por lo que se abrió una averiguación previa en la unidad especializada en delincuencia organizada en noviembre de 2005, y la turnó a la Procuraduría de Justicia del estado de México, que abrió a su vez tres averiguaciones adicionales. Montiel, Versini y Miranda comparecieron ante las autoridades y tuvieron que comprobar la procedencia de sus ingresos y entregar sus declaraciones patrimoniales. La PGR dio entrada a la acusación de Cortés Trejo, pese a que sólo dijo hablar de oídas. Cuando al siguiente año Miranda lo acusó de difamación, Cortés Trejo se desistió de la demanda porque, dijo, sólo estaba basada en recortes periodísticos de los diarios Reforma y El Universal.

Para cuando se inició la investigación en contra de ellos tres, el gobernador en el estado de México era Enrique Peña Nieto. Montiel ya había sido acusado de enriquecimiento inexplicable y descarrilado de la contienda por la candidatura del PRI a la Presidencia de la República. Miranda, quien era señalado como prestanombres, iniciaba su camino por la alcaldía de Toluca, que perdió en 2006. Peña Nieto lo recuperó como subsecretario de Gobierno en 2007, y dos años después lo hizo titular de la dependencia, desde donde fue uno de los principales operadores en las elecciones federales intermedias, que allanaron el camino de Peña Nieto a la Presidencia. En el actual gobierno, Miranda es cuña del secretario de Gobernación, y trabaja los asuntos políticos más delicados desde la subsecretaría del ramo en Bucareli. A nadie se le escapa dentro del gobierno de la relación de compadrazgo de Miranda con el presidente, con quien suele jugar regularmente golf junto con un empresario que también fue perseguido por Gil Díaz cuando fue secretario de Hacienda.

Díaz, su sobrino, no estuvo vinculado en ninguno de los casos que desde la Secretaría de Hacienda, de acuerdo con la información a la que se tuvo acceso en la última semana, impulsó en la PGR, y cuya acción obligó a actuar a la procuraduría mexiquense. Pero no parece mucho importar este dato concreto. Hay mucho rencor en contra del exsecretario de Hacienda y hoy presidente ejecutivo de Telefónica para México y América Central, y sed de venganza de algunos mexiquenses. Piensan que utilizó el poder para golpear a un grupo político y no lo olvidan. Oceanografía y su sobrino Díaz se presentaron a modo para empezar a golpear a un gigante, eliminando primero sus piernas y brazos. En todo caso, de antemano Díaz es culpable de parentesco inocultable.

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