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¿Ojo por ojo?

El cobarde secuestro y salvaje asesinato de tres adolescentes israelíes a manos de extremistas palestinos conmocionó, con toda razón, a personas decentes y civilizadas alrededor del mundo y particularmente a quienes, judíos o no, simpatizan con Israel. Un acto barbárico que además puso en riesgo los siempre frágiles avances en la que parece una tarea propia de Sísifo: la construcción de una paz duradera entre Israel y Palestina.

El asesinato múltiple no fue casual. Se dio poco después de que la Autoridad Nacional Palestina que encabeza Mahmoud Abbas y sus enemigos jurados de Hamas anunciaron su intención de co-gobernar, o co-administrar, dadas las severas limitantes que enfrentan los territorios palestinos bajo su control, creando una suerte de coalición de facto que hasta hace muy poco era inimaginable. La relativa moderación de la ANP y el radicalismo con frecuencia violento de Hamas parecían mutuamente excluyentes, y su acercamiento fue un duro golpe para quienes buscan marginar a Hamas de las negociaciones y acuerdos políticos que tanta falta hacen a la región.

Hay muchos interesados en evitar la cooperación entre Hamas y la ANP: no conviene, por supuesto, al gobierno de Benjamín Netanyahu, que considera terroristas a los de Hamas y prefiere siempre tener a los palestinos divididos para así justificar su cerrazón y falta de flexibilidad en las negociaciones. Conviene menos aún a los extremistas que, dentro y fuera de Hamas, sólo buscan la destrucción del Estado judío y se oponen ferozmente a cualquier intento por llegar a una paz que reconozca su derecho a existir como nación.

La colaboración entre ambas facciones palestinas incomoda también a EU y a los países de la Unión Europea, que consideran a Hamas una organización terrorista a la vez que apoyan y buscan legitimar a la mucho más moderada ANP. Una postura complicada por el hecho de que de tiempo atrás Hamas ha decidido jugar en dos o más pistas, usando la violencia y el terrorismo al mismo tiempo que su brazo político contiende (y gana) en procesos electorales bastante abiertos y democráticos. Al ser al mismo tiempo grupo armado, facción política y gobierno en Gaza, Hamas desafía las descripciones y le complica la vida a todos los que quisieran etiquetarlo, ya para glorificarlo o descalificarlo llanamente.

Los mínimos, ínfimos avances en cualquier conversación o negociación tendiente a un arreglo justo entre las dos partes en esta añeja disputa, representan una amenaza para los halcones en ambas partes, y vaya que si los hay. Así como los extremistas palestinos —esos que apuestan insensatamente a la destrucción de Israel— están detrás del cobarde asesinato de los tres adolescentes, hay radicales judíos que, con el pretexto de la venganza y amparados en la estupidez del "ojo por ojo", promovieron y auspiciaron el linchamiento de un joven palestino, adolescente también, que murió, quemado vivo, en un atroz acto de retribución.

En un gesto que me sorprendió gratamente pese a que tardó días en llegar, Netanyahu condenó el asesinato y ofreció sus condolencias a la familia del joven palestino, aunque casi al mismo tiempo un primo suyo, de 15 años, fue salvajemente golpeado por las fuerzas de seguridad de Israel por protestar por su muerte. Y la justicia, también dispar, hace que mientras unos son interrogados por la policía a los otros sospechosos les dinamiten sus casas sin juicio de por medio.

Los más recientes gobiernos de Israel han hecho practica común de la reacción desmedida y la retaliación desproporcionada. Eso sólo alimenta el rencor y la sed de venganza de los palestinos, cuyos radicales se aprovechan para incitar al odio y la violencia.

Alguien tiene que ponerle un alto a este ciclo de revancha sin fin.