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Ominosos mensajes

GUASAVE

Aunque parece, la verdad es que nomás parece, porque lo evidente es que la violencia en el norte de Sinaloa no tiene fin. Antes al contrario, si bien es cierto con algunas pausas, el fenómeno agarra ventaja y vuelve para traspasar los linderos del exceso y llenar de terror a una sociedad, la que teníamos entendido había perdido su capacidad de asombro.

Lo sucedido el sábado en Juan José Ríos y luego el domingo en las inmediaciones de Ruiz Cortines, escenarios recurrentes de dos más de los clásicos ajustes de cuentas, resulta sin duda ominosos mensajes de que algo está podrido en esta región.

A la par que por parte del crimen, organizado o no, existe sin distingos un desprecio absoluto por la vida, también hay una muy clara impotencia e incompetencia gubernamental para poner freno al sembradero de cruces.

En los continuos fuegos cruzados y de lo que sin atraverse a intervenir, las autoridades policiacas son testigos de piedra, caen, mala sea la comparación, lo mismo, delincuentes que civiles o agentes de gobierno, algunos en cumplimiento de su deber y unos más por involucrarse en actividades ilícitas.

Mujeres, hombres, inocentes unos, otros no tanto, sucumben ante las muchas balaceras que se registran, principalmente al norte del municipio, sin que ello signifique que territorios vecinos como Ahome, El Fuerte y Choix, escapen a las oleadas de dolor, sangre y muerte.

Desde hace mucho que ni siquiera los propios elementos de la ley estén a salvo de las agresiones o vendettas, como lo enseña el atentado en el que el sábado por la noche murieron dos policías municipales.

Por los hechos fatales sin investigación, menos persecución, a nadie le importa lo que está pasando, es la impresión que la ciudadanía tiene por el pasmo en que entran las corporaciones de cara a sucesos como los registrados.

A punta de declaraciones no es posible resolver el estado de violencia con cariz de ingobernabilidad que se cierne sobre esta parte de la entidad.

La sociedad no puede estar tranquila nada más porque el procurador de Justicia diga que los delitos en Sinaloa están a la baja o porque se comprometan a seguir reduciéndolos, cuando en la práctica la realidad es invertida.

Los sinaloenses necesitan ver hechos concretos. Exige certidumbre en las acciones de quienes en sus manos ha depositado la responsabilidad de gobernar, pero gobernar bien, no con discursos ni promesas.

El ejercicio del poder público no sólo debe radicar en las obras materiales. La ciudadanía quiere sentirse segura. Poder salir a las calles sin riesgo de que le toque una bala perdida, lo asalten o lo roben, lo poco o lo mucho que han ganado a través del trabajo honesto.

La percepción de la gente del norte es que a nadie parece preocuparle lo que sucede, y aunque ciertamente hay espectacularidad en la presencia policiaca, no se ven resultados efectivos por ningún lado.

Muchas veces con el cuento de que "se están matando entre sí", al Estado, entendido este como gobierno de los tres niveles, principalmente el federal, quien es al que le compete directamente enfrentar el problema, hacen, como que la Virgen les habla.

Por otro lado, los inocentes que mueren en esta incesante guerra y sus terribles secuelas, son el costo natural que se tiene que pagar. De cara a esa justificación habría que preguntar si los familiares entienden su frialdad.