Opinión

Sinaloa, inmenso cementerio

SINALOA

Por  Opinión Estatal

Las fosas clandestinas siguen apareciendo por todos los rincones de nuestro estado, como testimonio cruel de que por más estadísticas a la baja que se presuman, la violencia, lamentablemente, sigue y seguirá siendo el distintivo de Sinaloa.

Apenas el martes fue en el municipio de Ahome, y ayer le tocó al de Culiacán, y un tiempo atrás fue Mazatlán, y así se han ido escalonando los escenarios en donde ese grupo de activistas, en su mayoría mujeres, han escarbado y logrado —en lo que la autoridad ha sido ineficiente— localizar, aunque sea ya sin vida, a algunos de esos cientos de ciudadanos que, algunos a plena luz del día y otros de manera misteriosa, han desaparecido, llenando de angustia a sus familias.

Por cuestiones legaloides, esos cuerpos encontrados no pasan a formar parte de las estadísticas que mensualmente se distribuyen y en las que se destaca el descenso en tal o cual delito, y ello porque no pueden catalogarse como homicidios dolosos hasta que las necropsias arrojen los motivos del deceso, como si pudiera ser posible que los occisos solos se arrebatasen la vida y luego fueran a sepultarse.

Ayer, en Ponce, a unos cuantos de cientos de metros de la playa, rastreadoras ubicaron una zona en la que encontraron tres fosas clandestinas, y en ellas cuatro cadáveres, pero lo más terrible es que se sospecha que hay más, y por ello se marcaron algunos lugares para regresar hoy de nuevo para seguir con su labor, en tanto el personal de la Fiscalía acude a recoger cuerpos y hacer sus famosas recolección de evidencias, que hasta ahorita no se sabe hayan servido para algo.