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(Otra) Historia de Nueva York

PISTA DE DESPEGUE

Oh Nueva York, Nueva York ¿Cuántas historias nos perderíamos si no existieras? Frances (Greta Gerwig), de 27 años, vive con su amiga Sophie (Mickey Summer). Ambas se costean un espartano apartamento mientras que noche a noche deshilvanan ritualmente la madeja de sueños que hace tiempo enhebraron tan gustosamente.

En ese relato compartido, la primera conquista el mundo mediante el arte de la danza mientras que la segunda lo hace domando a esa bestia nada pudorosa llamada publicidad. Victoriosas, al final del cuento ambas acaban gobernando resueltamente un reino al que sólo le queda el adjetivo de perfecto y en el que la sombra de un rey resultará tan innecesaria como en aquella analogía que involucra además de un hombre y una mujer, a una bicicleta y un pez.

Sin embargo, llega la mañana y con ella viene la certidumbre que nadie, sea de ficción o real, debe olvidar: los sueños son siempre mejores cuando se está dormido.

Frances rompe con Dan (Michael Esper) al sentir que aceptando su invitación para vivir juntos adoptando unos costosos gatos su relación se volvía seria, sólo para descubrir que Sophie, su amiga del alma, razón que le esgrimió a su ahora 'ex' para no aceptar la susodicha invitación, ha decidido mudarse a un apartamento más caro en una zona más cara con una compañera de cuarto capaz de pagarlo, sin esperar siquiera a que llegue el fin de mes.

Incapaz de costearse una vida como la de su amiga con el sueldo que tiene como maestra interina de danza para niños, siendo rechazada como bailarina de planta en la compañía en la que lleva meses esperando su oportunidad, Frances inicia un pesaroso carnaval de mudanzas que la lleva a compartir piso precisamente con la estrella de la compañía en la que desea trabajar (Grace Gummer), conformar un efímero trío discordante con un par de buenos-para-nada-pseudo-artistas-hijos-de-papá (Michael Zegen y Adam Driver), regresar con sus papás para pasar el fin de año, cumplirse el capricho de conocer Francia por un par de días y acabar regresando a la escuela de la que egresó, para costearse una pequeña pieza con el salario mínimo y las propinas que recibe como mesera. Mientras tanto atestigua cómo todos aquellos que han compartido algo con ella, a pesar de lo que dijeran en el pasado, van sumándose a eso que llaman vida adulta.

Eso es a grosso modo Frances Ha (2012, Estados Unidos) de Noah Baumbach, sutil (y útil) cachetada monocromática a la sonrosada mejilla Millenial que, gracias a Truffaut, ni nos ahoga con una cadencia o una duración épica, ni se conforma con la salida fácil de apostar por la degradación físico-espiritual de su protagonista.

Sí, quizá la Frances de la también guionista Gerwig sea una a veces molesta niña encerrada en el cuerpo de una mujer (quizá) demasiado alta para casarse, que a pesar de su empeño simplemente no sirve para la danza y a pesar de lo fuerte que crea que las cosas pueden ir mejor si se le muestra una buena cara a la vida diariamente, un día se encontrará viendo que lo único que hay bajo sus pies descalzos es ese frío y duro bloque de concreto que llamaremos por pura falta de inventiva: realidad, pero no por ello podemos tildarla de mujer al borde de un ataque de nervios de cepa. Todo lo contrario, estamos ante un raro ejemplo de espécimen en peligro de extinción: un personaje cuyos hombros soportan una a veces digresiva cinta filmada en blanco y negro que logra, aparentemente sin mucho esfuerzo, llenarnos de color la pantalla con su encanto.

Armada por medio de capítulos nombrados a partir del lugar en dónde esté residiendo en ese momento Frances, la cinta no oculta, tanto en su alma como en su cuerpo, la influencia del trabajo de François Truffaut, Woody Allen y Jim Jarmush mientras va descubriendo, sin ningún empacho o pudor, que no por abrir los ojos y por fin decidir despertarse, se vuelve obligatorio el dejar de soñar.

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