Opinión

PAN: refundación o despedida

Por: Jorge Fernández Menéndez

Este fin de semana el PAN definirá buena parte de su destino político e incluso el del futuro sistema de partidos del país. El Consejo Nacional establecerá con quiénes, cómo y de qué manera procesará Acción Nacional la elección de una nueva dirigencia nacional luego del estruendoso fracaso de la estrategia seguida en la pasada campaña electoral. El PAN tuvo los peores resultados electorales desde los años 80, pero además concluyó la campaña dividido, con rupturas profundas, con muchos de sus principales personajes fuera del partido, y desdibujado política e ideológicamente.

Lo que mejor demuestra el nivel de la crisis interna en la que lo ha sumido su actual dirigencia, es que ha tenido que pasar un mes y medio  desde los comicios para que se convoque una reunión ya no hablemos del Consejo Nacional, siquiera de sus principales cuadros y gobernantes (el PRI, en 15 días ya había modificado dirigencia, designado sus coordinadores y establecido aunque sea en grandes trazos, la línea a seguir); el candidato presidencial, Ricardo Anaya, no ha aparecido públicamente, se espera que rinda cuentas ante el Consejo. Los gobernadores, la mayoría de los cuales mantuvieron durante toda la campaña la distancia con Anaya y el Frente (porque sencillamente no fueron tomados en cuenta para las decisiones partidarias y las candidaturas) quieren, con toda razón, tener un papel protagónico en las decisiones futuras pero la dirigencia sigue ignorándolos. 

Símbolo de todo ello es que el próximo diputado federal Marko Cortés, cercanísimo a Anaya y uno de los impulsores del Frente, ahora salga decir que en realidad él nunca estuvo de acuerdo con esa coalición electoral, como una forma, bastante burda, de querer reciclarse para buscar competir por la dirigencia. Gatopardismo puro.

De lo poco que han escrito los panistas sobre la elección y su futuro creo que lo mejor es el texto que publicó esta semana Roberto Gil en El Financiero: diez tesis para el PAN. Me parece, de lo que he conocido hasta ahora, el mejor esquema para reconocer los orígenes de la crisis y para tratar de salir de ella. 

Hay varias propuestas de Roberto que me parecen centrales: la primera es ir a las urnas, la dirigencia debe ser votada por los militantes. Pero en ese esquema debe haber requisitos insalvables. El principal es redefinir el padrón de militantes con derecho a voto. Hoy, como dice Gil Zuarth, el padrón está capturado por la dirigencia, que ha concentrado la militancia en apenas seis estados. Quien controla el padrón controla la dirigencia, la que a su vez controla las candidaturas y a través de ella controla los recursos y los privilegios. Esos son los pasos que se dieron para detonar la crisis interna y para excluir a buena parte de los panistas no sólo de la vida interna, sino del propio partido. Los principales personajes del partido fueron marginados, en el caso del Senado se llegó a la ruptura y la expulsión (¡un día antes de la elección!) de Ernesto Cordero y Jorge Luis Lavalle. 

La principal figura, en términos electorales del partido, Margarita Zavala, que hasta octubre pasado estaba en franca competencia con López Obrador, fue orillada a la renuncia sin ningún tipo de concesión. Todo eso se hizo controlando los organismos de dirección vía un padrón a modo. El nuevo padrón, dice Gil, debe estar supervisado por el INE.

Dados esos pasos debe quedar claro que el dirigente nacional no puede ser candidato a nada, ni tampoco los plurinominales pueden saltar de una posición a la otra. El PAN, simultáneamente, debe recuperar programas y estrategias políticas coherentes. En la pasada campaña, el Frente con PRD y MC, para lo único que sirvió fue para distribuir entre los líderes las candidaturas (todas salvo Jalisco, donde además MC decidió ir solo, sin los otros partidos del Frente, fallidas) pero desdibujó completamente al panismo que no defendió sus principios, sus gobiernos, que se quedó sin programa. No fue de centro derecha, no fue social cristiano, no fue liberal, no fue ninguna de las principales corrientes históricas de ese partido. No se preocupó por lo acuerdos de políticas públicas establecidos y apostó al miedo y a la revancha (la cárcel para sus adversarios) sin comprender que la gente quería cambio, no venganza.

Quién sabe qué saldrá de la reunión del Consejo panista porque es una instancia en la cual la actual dirigencia tiene mayoría y en el pasado inmediato ha excluido a toda oposición. Pero si se quiere salir adelante, si queremos que exista una oposición a Morena desde posiciones liberales o relativamente conservadoras en política y economía, el PAN debe, en los hechos, refundarse, volver a buscar a los suyos, recuperar principios y sentido político. 

Y hacer una profunda autocrítica cuyas coordenadas pasen por comprender cómo la ambición de poder devoró al partido. En esa lógica, sólo en esa lógica, el punto final que propone Roberto Gil en su texto, el de una suerte de amnistía interna, tendrá sentido y funcionalidad.