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PAN y PRD: ganarán Madero y Navarrete

ITINERARIO POLÍTICO

Es del dominio público que el PAN y el PRD están listos para elegir a su nuevo dirigente nacional. Por eso, son muchos los militantes de la derecha y la izquierda que entienden como prioritario mantener el control de sus respectivos partidos —ganar la jefatura del PAN y/o del PRD—, como paso indispensable para influir en las elecciones intermedias de 2015 y —sobre todo—, si aspiran a participar en las presidenciales de 2018.

Pero lo que pocos saben es que la elección de los nuevos dirigentes del PAN y del PRD prácticamente está resuelta y que hoy ya no importa saber quién será el ganador. No, hoy lo importante será conocer las condiciones de legitimidad y desgaste en las que llegarán a la victoria Gustavo Madero y Carlos Navarrete.

Por ejemplo, en el PAN, la elección prácticamente está resuelta a favor de Gustavo Madero. Y es que el jefe de los azules tejió fino y hasta terminó con el apoyo silencioso de la excandidata presidencial Josefina Vázquez Mota. El problema es que la elección no termine en un cochinero. A su vez, en el PRD el único aspirante que se tomó en serio la contienda y que ha visitado todo el país y elaborado una propuesta de gestión se llama Carlos Navarrete, quien además es pilar del grupo hegemónico de "Los Chuchos". También aquí la apuesta es por la pulcritud del relevo.

¿Por qué razón es posible conocer —desde hoy—, a los nuevos presidentes del PAN y del PRD, respectivamente? Van los detalles.

MADERO; BUEN PRESIDENTE, MALA PERSONA

Nadie puede negar que a pesar de haber presidido al PAN durante la gran derrota en 2012, Gustavo Madero también es el artífice de una de las mayores victorias del PAN; reformas como la energética —entre otras—, que fueron un paso gigantesco de los azules.

Desde 1988, el PAN fue el impulsor de los acuerdos políticos para transformar al régimen. En ese año los azules pactaron con Carlos Salinas la legitimación de su gobierno en el ejercicio del poder a cambio de reformas que hicieran posible procesos electorales creíbles, parciales y legales. Ahí empezaron las reformas que legitimaron tanto la transición democrática como la alternancia en el poder.

Pero además, y contra los pronósticos, Madero se descubrió como un político habilidoso, colmilludo, marrullero y capaz de resistir no sólo la presión del entonces presidente Calderón, sino los embates del expresidente y de todo su grupo. Contra viento y marea Gustavo Madero no sólo se mantuvo al frente del PAN sino que le arrebató a las "familias custodias" el control del partido e hizo suya la reforma que transfirió a las bases las decisiones dentro del partido.

Y si bien hoy se puede decir que Madero tiene el control de buena parte de la estructura del partido —ya que tiene bajo su feudo a la mayoría de los gobiernos azules, a los comités estatales de mayor influencia en el PAN y a los influyentes grupos parlamentarios en senadores y diputados—, también es cierto que son muchos los indicios de que fincó su poder en la transa y el chanchullo. Dicho de otro modo; Madero es visto como un buen presidente, pero también como una mala persona. Y eso pesa en el PAN.

Y si tienen dudas, basta echarle una mirada a los escándalos detrás del líder de los diputados azules, Luis Alberto Villarreal —metido hasta el cuello en las transas de los casinos—, además que de un momento a otro aparecerán los escándalos que persiguen al "niño maravilla" —como motejan los azules a Ricardo Anaya—, presidente de la mesa directiva de San Lázaro y número dos del grupo maderista, quien —ambicioso sin límite—, hasta metió dinero poco claro en pirámides fraudulentas en su natal Querétaro.

Eso sin contar con un nuevo escándalo que podría ver la luz entre los azules y que impactaría al coordinador parlamentario de los senadores del PAN, Jorge Luis Preciado, a quien sus compañeros motejan como el jefe de la mafia cubana. ¿Por qué será? Como sea, y a pesar de todo, Madero será el nuevo presidente del PAN. Y claro, sus adversarios apenas y lograrán acotar las transas y los negocios.

Pero más allá de "los pecados" y las "historias negras" de los azules, lo mejor que le podía pasar al gobierno de Enrique Peña Nieto es que su aliado, Gustavo Madero, siga al frente del PAN. ¿Por qué? Porque la de Peña y Madero es una alianza probada: ganadora.

NAVARRETE; EL ELEGIDO

Carlos Navarrete es una de las cuatro patas en las que se apoya el grupo de "Los Chuchos", hoy hegemónico en el PRD. Los otros tres pilares son Jesús Ortega, Jesús Zambrano y Guadalupe Acosta Naranjo. Estos, como todos saben, ya presidieron al PRD. Y hoy, el elegido —en orden de prelación—, es el guanajuatense Navarrete.

Pero no es casualidad que el grupo de "Los Chuchos" se mantenga como poder hegemónico en el PRD. En realidad es uno de los sectores que desde el nacimiento del Sol Azteca se caracterizó por poner en práctica la "política profesional". Son políticos profesionales que desde los tiempos del poder vertical y autoritario de Cuauhtémoc Cárdenas hicieron todo por alcanzar la dirigencia del partido.

Cárdenas nunca los dejó llegar, a pesar de que estuvieron cerca. Luego chocaron con Andrés Manuel López Obrador que siempre los obstaculizó hasta que el eterno "segundo lugar", Jesús Ortega, llegó a la presidencia del PRD. Y como "Los Chuchos" son un grupo rigurosamente pragmático, ha pactado alianzas con "Dios" y con "el Diablo", además de que tienen escandalosos pecados de corrupción.

Sin embargo, luego del enésimo fracaso electoral de las izquierdas — las presidenciales de 2012—, "Los Chuchos" pusieron en práctica su más ambiciosa jugada política. Idearon e impulsaron la negociación y el acuerdo de eso que luego fue conocido como "El Pacto". Y así, de golpe y porrazo estaban en "los cuernos de la Luna".

"El Pacto" fue todo un éxito y un golpe político de alcance global, en tanto que en sectores importantes de la izquierda se confirmó que "Los Chuchos" son sinónimo de poder. Y en efecto, "Los Chuchos" tienen hoy el control de buena parte de la estructura del PRD. Sin embargo, más que pelear por el control interno, la batalla es contra la franquicia de AMLO, que se ha propuesto desfondar a los amarillos.

En realidad la disputa por la dirigencia del PRD será un reacomodo de intereses y acuerdos —reparto del pastel—, porque la verdadera batalla será contra López Obrador; batalla que, según Carlos Navarrete, será ganada. Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx