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PRD: la doble derrota

INDICADOR POLÍTICO

Los perredistas dicen no entender lo que ocurrió en el Senado con la aprobación de las leyes secundarias energéticas: ¿si tenían la razón histórica, por qué fueron aplastados?

Los expertos en parlamentarismo tienen dos explicaciones:

1.- El PRD, que como Partido Comunista comenzó a participar en el Congreso desde 1979 --hace casi doce legislaturas--, todavía sigue confundiendo el parlamento con el tribunal de la historia.

2.- Y por esa razón, el PRD se niega a entender la lógica de los acuerdos; y cuando el PRD vio ese camino en el Pacto por México, el fundamentalismo interno obligó al partido a salirse del único mecanismo en años para introducir reformas.

Detrás de la línea estratégica parlamentaria del PRD que le dejó el espacio al PAN se oculta una durísima lucha por el poder entre tribus, caudillos y liderazgos. Lo malo para el PRD fue que su derrota legislativa se convirtió en una derrota histórica del legado del general Lázaro Cárdenas.

La salida de la consulta ha sido descartada por los mecanismos legales, además de que el ánimo petrolero se enfriará porque el PRD tampoco supo encender la pasión en la sociedad. El uso de un lenguaje antiguo y de un discurso técnico fracasó ante el compromiso gubernamental de controlar alzas de tarifas energéticas.

Desde su posición de tercera fuerza política nacional, el PRD no participa en política para influir o para negociar sino para imponer fundamentalismos históricos. Si deveras hubo visión histórica del general Cárdenas, ¿por qué escogió como sucesor a Ávila Camacho y por qué nunca aceptó involucrarse en la actividad petrolera? ¿Y por qué Cuauhtémoc Cárdenas tampoco aceptó alguna relación política y administrativa con Pemex? En el debate legislativo sobre las reformas secundarias, el PRD asistió sorprendentemente preparado en lo técnico pero equivocó el camino de sólo oponerse.

La clave del funcionamiento parlamentario no estuvo, como puede suponerse, en las negociaciones en comisiones, sino que se localizó en el espacio hoy inexistente pero paradójicamente eficaz del Pacto por México. No debe olvidarse que el organismo fue una propuesta del PRD de Jesús Ortega pero luego los fanatismos de Cárdenas, López Obrador y los radicales sacaron al perredismo de los niveles de la negociación de decisiones.

Sin el Pacto, sin estrategia para negociar en comisiones y con argumentaciones fundamentalistas, el PRD se quedó fuera de la posibilidad de influir en los dictámenes. Cuando los dictámenes llegaron al pleno, la alianza PRI-PAN tenía mayoría. De ahí la táctica perredista universitaria de provocar, insultar y condenar a la mayoría priista-panista pero sin efectos políticos ni sociales.

Así, las reformas energéticas aprobadas finalmente liquidaron la hazaña política de Lázaro Cárdenas al expropiar el petróleo sin un proyecto nacional de desarrollo y sólo como una decisión progresista de tintes socialistas. El PRD tuvo la oportunidad política de relanzar el proyecto cardenista, de definir un nuevo modelo nacional de desarrollo y de encabezar la modernización energética, pero se concretó a decir simplemente que no a las reformas.

Sin vigencia del proyecto cardenista histórico, el PRD se quedó vacío de ideología. A la hora decisiva, Los Chuchos le apostaron a tratar de quedar bien con todos: mantener la posición cardenista, no tomar tribunas y reiterar la exigencia de consulta. Pero en política no hay victorias conceptuales sino resultados operativos.

La apatía social respecto al debate energético fue un mensaje negativo para el PRD y el dato de que las leyes energéticas no alcanzarán para ganar votos en el 2015. López Obrador ya se percató de ello por lo que su lucha estará en imponer candidatos mediáticos y ejercer su liderazgo caudillista para quitarle candidatos y votos al PRD en el 2015.

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