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PRI anquilosado

GUASAVE

En la distribución de culpas y endoso de errores que parece hoy se realizan hacia el interior del Comité Municipal del PRI por el sonoro fracaso que sufrió en los plebiscitos para eligir a los síndicos, tienen su parte la dirigencia local y el propio Comité Directivo Estatal.

Ahora, es injusto atribuir toda la responsabilidad de la derrota a Diana Armenta, cuyo trabajo político a su paso por el mando del alicaído institito político no ha sido precisamente un modelo, porque la verdad igual tampoco ha sido del todo anodino, pese que a cuestas lleva el baldón histórico de haber entregado la alcaldía al PAN.

De su parte como lo evidencian los pobres resultados en ambos casos, ciertamente, de unos a la fecha en el PRI se ha hecho más notoria la ineficacia en la operación política.

Ha sido un factor que entreverado a las divisiones internas, que remata para colmo con competidores que no llenan las expectativas, ha venido llevando a los priistas a los peores desastres electorales que se recuerden.

Entonces habría que decir que no solamente Diana Armenta, sino por igual sus estructuras sectoriales, Carlos Ordorica, de la CNOP, y particularmente José Luis Favela, de la CNC, y Elías Muñoz, de la CTM, en un acto de autorreflexión, deben pensar seriamente en el retiro, pues el desdibujamiento de sus figuras como personas públicas resulta cada vez más notable.

Muchas cosas negativas son las que al Revolucionario Institucional le pesan como lastre y lo han conducido al estado catatónico en que se encuentra, aunque la mayoría escapan a las facultades de decisión y capacidad de respuesta de las dirigencias estructurales para solucionarlas.

Sin embargo tampoco es mentira que durante las gestiones de Armenta, Favela, Ordorica y Muñoz, y todo lo demás que ellos implican como dirigentes, ha habido otras cuestiones erráticas que por insuficiencia de oficio y no pocas veces por cerrazón de actitudes para aperturarse al relevo generacional, se han ido sumando para agravar su debacle.

En esas condiciones el cambio de Diana Armenta, que se hará a mitad del año, y los eventuales relevos en la CNC, CNOP y CTM, aunque no serán el ábrete Sésamo a la solución de todas las fallas que repercuten para mal en su nivel de competición, al menos permitiría al PRI oxigenar el enrarecido ambiente que prevalece hacia dentro de la militancia.

Si algo tienen que admitir esas dirigencias, junto con los santones del partido, es que no han sabido conciliar en este tránsito hacia el necesario relevo generacional los intereses que se mueven en los grupos tricolores y si no son capaces de convencerse entre ellos mismos para trabajar en función de lo que debe ser su esencia, la búsqueda del poder, bueno pues es de colegirse que a los de afuera que son quienes votan, menos.

Las sucesiones en las estructuras partidistas ahora, a lo mejor les alcanza para entrar en principio a su reorganización e intentar fortalecerse por lo menos en sus organizaciones verticales para el año electoral que viene.

A partir de lo anterior, en el caso que se dé, los nuevos mandos no deben ser reciclados, sino elementos de estalaje para empezar a abrir circunstancias y enfocar sus baterías a unificar a sus corrientes internas con trabajo político de alta intensidad.

Pero sobre todo promover su plataforma de propuestas, e intentar atraer a la participación a personajes públicos que convenzan y tratar de reposesionarse en la próxima contienda. Si no, estarán doblemente perdidos.