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Para perder la cabeza

PISTA DE DESPEGUE

Y mientras acá sufrimos semana a semana los sinsabores de la cartelera comercial, tan ajena a películas que no sean secuelas, inflada con tardíos estrenos o con esa enésima intentona por iniciar una saga juvenil o animada; allá, el exitoso escritor y músico noruego Jo Nesbø alcanza un nuevo logro: consolidarse como un imán taquillero.

Por cierto, no hablamos de la taquilla norteamericana o mexicana. Nos referimos a la taquilla europea, donde la cinta Headhunters (2011) de Morten Tyldum, basada en su novela del mismo nombre publicada en el 2008, adaptada por Lars Gudmestad y Ulf Ryberg, se impuso tanto en su país de origen como en Alemania, Francia o Inglaterra. Y al parecer en el último país quedaron tan interesado con la obra del nacido en Oslo que está por probar suerte con su novela The Snowman, séptima de la saga protagonizada por el peculiar detective tective Harry Hole.

Pero volvamos a Headhunters. Roger Brown (Aksel Hennie) es el más exitoso headhunter (cazador de cabezas) de Noruega. Varias compañías se pelean sus servicios al considerar que los resultados de sus entrevistas de trabajo son infalibles, máxime si se vive en un mundo en el que la contratación del recurso humano es uno de los mayores riesgos que corre toda empresa. Claro, podría pensarse que porque esas majors se pelean por tenerlo unas horas en sus oficinas cuestionando a los nuevos prospectos de cada puesto requerido, Brown tiene esa vida envidiable: en su hogar no se repara en lujos y su esposa, la hermosa curadora Diana (Synnøve Macody Lund), es simplemente un sueño vuelto realidad aderezado con las etiquetas de varios diseñadores asomando por aquí y por allá. Sin embargo, la realidad es que ni todos los cheques juntos que consiguen alcanzan para mantener el ritmo de vida de los Brown, así que por las noches Roger se vuelve a distinguir por ser el mejor y más discreto ladrón de arte que existe.

Gracias a su esposa, Roger conoce al millonario Clas Greve (Nikolaj Coster-Waldau), que además de estar interesado en sus servicios para conformar el personal que laborará en su nueva empresa, también es flamante dueño de una costosa pintura. En parte por el valor de la pieza, como por el hecho de que el millonario coqueteara tan abiertamente con su esposa (y ella le correspondiera), Roger decide que él será su nueva víctima. Y aunque el robo es un éxito, las cosas se complican por un pequeño detalle pasado por alto: antes de ser un exitoso empresario, Clas fue parte de un comando militar especializado en el rastreo de personas. Fue el mejor cazador de cabezas de la milicia y para su desgracia sigue manteniendo la costumbre de resolver todos sus asuntos personalmente.

No esperemos ni un retrato sobre la situación desigual entre las clases noruegas ni una crítica demoledora a su burguesía. El acertado camino escogido por Tyldum es el del mejor cine evasivo: Headhunters es el encuentro y la confrontación de dos personajes hasta que uno queda en pie. Por ello, quedamos vacunados de esas complicadas -y regularmente malogradas- vueltas de tuercas o del empleo de una kinética cámara que nunca logra captar nada debido a que tiene la misión de contagiarnos con su premura, y mejor le damos la bienvenida al viejo y tan criminalmente olvidado sentido de inseguridad por la salvedad o no del personaje principal. Claro, con sus afortunados excesos cada tanto.

Lo lamentable: que Estados Unidos ya anunció que prepara un remake. Y ese obviamente sí nos llegará a las pantallas comerciales.

Por cierto, si les interesó el título, pueden encontrar la película a la renta o venta bajo el horrible título de: Cacería implacable.

Sí, hay mucha necesidad de headhunters en ciertas distribuidoras.

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