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París 1900

En todos los quioscos y por donde quiera en la Ciudad Luz, ya sea por medio de largos y coloridos pendones o por enormes cartelones, se anunciaba la "Exposición París 1900, Ciudad Espectáculo". No podía dejar de ir. Se cumplían 114 años de la Exposición Universal de todas las manifestaciones parisinas que jamás se hayan organizado. Nada más me quedaba el domingo por la tarde ya que regresaba a México, al otro día, muy temprano. La fila para entrar al Petit Palais era enorme. Ni tarda ni perezosa mostré en la entrada mi credencial de periodista de nuestro periódico y las enormes puertas se abrieron de par en par como por arte de magia. De este modo privilegiado ingresé al París de la Bella Época, época de innovaciones tecnológicas inimaginables como el cine; época de una extraordinaria efervescencia cultural; entonces París imponía la moda en todo el mundo, tanto en la decoración, como en la joyería; la pintura, escultura y literatura estaban en su apogeo, el Metro con su estilo inconfundible del "Art Nouveau", diseñado por Guimar; el teatro, el circo, la Ópera, los cafés conciertos, los prostíbulos y los bailes en las plazas. Entonces los parisinos no dormían: bailaban, bebían champagne y después de cenar se iban a ver el can-can al Moulin Rouge, en donde de vez en cuando se topaban con el pintor Toulouse Lautrec. Todo París era una fiesta. Faltaban 14 años, para la primera guerra mundial.

La Exposición París 1900 se inauguró el 14 de abril de ese mismo año. Fue el presidente de la República, Emile Loubet, quien la inaugurara y llegara unos meses antes al poder gracias a la izquierda y ya como presidente indultó a Alfred Dreyfus. Tenía una superficie de 120 hectáreas, participaron 58 países y tuvo un coste total de 18.746.186 dólares. Entonces fueron invitados 83,047 expositores, de los cuales 44 mil eran extranjeros y en total la visitaron 55 millones de turistas que venían de todo el mundo, para admirar las esculturas de Rodin y Camille Claudel.

La Exposición París 1900 está dividida en seis secciones. En la primera, titulada "París, vitrina del mundo", existen varias salas que muestran enormes fotografías del proceso de construcción de las primeras estaciones del Metro de Lyon, d,Orsay y los Inválidos. No hay que olvidar que la estación de Orsay (ahora Museo de Orsay), el Petit Palais, el Grand Palais y el Puente Alejandro III fueron construidos para celebrar la exposición universal. Cada una de estas salas están divididas por corredores forrados de grandes pantallas en donde aparecen escenas de la ciudad en plena actividad. Allí vemos los primeros automóviles de combustión interna, las parisinas mostrando enormes sombreros con su cinturita de avispa (gracias al corsé que seguía muy de moda) y los policías con su uniforme azul y su casco blanco. Una de las salas, por cierto la segunda, que más me gustó es donde aparecen los jarrones de cristal de los verdaderos inventores del "Art Nouveau": Gallé, Guimard, Majorelle, Mucha, Lalique... En la tercera, dedicada a las Bellas Artes, se encontraban obras del español Zuloaga, del norteamericano Stewart, pinturas que contrastaban con las de Cézanne, Monet, Renoir, Pissarro, Vuillard, Gérôme, de Bouguereau y Gervex. Claro, en esta sección no podían faltar las maravillosas esculturas de Rodin.

En la cuarta sección se aprecia una extensa manifestación de todo aquello que tuvo que ver con la moda parisina. Vemos los vestidos diseñados por Jeanne Paquin, fotografías de las primeras boutiques de la Rue de la Paix y los vestidos de noche firmados por el costurero Worth. De este diseñador inglés que vivió toda su vida en París, advertimos en una gran vitrina una bellísima capa de noche, confeccionada en un caftán de Boukhara ofrecido por el Zar de Rusia aproximadamente en 1896 y que perteneció a la condesa Greffulhe. Muchos de estos modelos estaban acompañados con pinturas de Degas y de Jean Béraud.

Las dos últimas salas están dedicadas a los espectáculos. En primer lugar vemos de qué manera triunfaba la espléndida actriz de teatro Sarah Bernhardt, incluso en una de las vitrinas aparece una de sus esculturas llamada Algues.

Saliendo de la Exposición, solamente tenía una duda, me pregunté por el Pabellón de México. Navegando y navegando encontré un libro maravilloso que se llama: México en la Exposición Universal Internacional de París-1900, escrito por Sebastián B. de Mier. El jueves les comento por qué fue uno de los pabellones más premiados de la Exposición París 1900.

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