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Partido de Estado, ¿otra vez?

Resulta insuficiente entender qué significa hoy en día el PRI, que acaba de cumplir 85 años, si no se toma en cuenta el contexto del país.

Es fácil decir que el PRI se está volviendo un partido de Estado, o que regresa a su perfil de antes de la transición, porque así nació y no ha cambiado. También es sencillo afirmar que todo lo que sucede con las reformas y los cambios legislativos es puro cuento y que todo seguirá como antes. Sin embargo, otro punto de vista es entender que las fuerzas se mueven y los intereses juegan en otro tablero y con nuevas reglas, lo cual abre diversas posibilidades.

Es cierto que si vemos al PRI y al gobierno de Peña Nieto desde dentro, lo que nos encontramos es una dinámica similar a la que existía antes de la alternancia. El PRI vivió los dos sexenios panistas como una suerte de estado anormal, en donde fue de la descomposición inicial a la división, y poco a poco inició una recuperación de puestos en las elecciones locales. En 2006 se desmoronó hasta el tercer lugar, ante la polarización entre PRD y PAN, pero de nuevo regresó hasta llegar a Los Pinos en 2012. Es la reconstrucción de una maquinaria eficaz para conseguir votos, vía clientelas y amarres en los tejidos sociales, una organización que supera a sus contrincantes. Disciplina, verticalidad y pragmatismo son tres de sus características. La semana pasada vimos de nuevo al presidente de la República encabezar los festejos del 4 de marzo, como en los viejos tiempos. La "sana distancia" se sustituyó por la "sana cercanía". El PRI no se hace bolas, como sucede con los partidos de oposición, sabe que el vector de mando está en Los Pinos y esa es su jerarquía de poder.

No se puede entender el PRI hoy sin el gobierno de Peña Nieto. El partido es la maquinaria para conseguir los votos y los puestos de elección, pero la estrategia y la agenda se decide desde Los Pinos, por eso en cada sexenio el partido se amolda a los tiempos que marca su jefe, el presidente. El PRI organiza, consigue votos, representa intereses, pero es una pieza en el tablero del Ejecutivo. El gobierno gasta y hace reformas.

Hace unos días el gobierno de Peña Nieto tuvo su gran momento mediático con la captura de Joaquín Guzmán, El Chapo, y mostró la eficiencia que los dos presidentes anteriores no tuvieron. Ya se sabe que un capo más en la cárcel no significa una mejor estrategia. Días atrás se atendió la crisis de seguridad en Michoacán y ahora el gobierno se apoya en los grupos de autodefensa para combatir los intereses del grupo criminal que controlaba ese estado. Si seguimos el hilo de algunas reformas constitucionales se ve el movimiento de intereses en los siguientes ejemplos: a) control de la nómina magisterial desde la SEP, que significa una recentralización para recuperar un orden perdido. b) Impactos fuertes en grupos dominantes en radiodifusión y en telecomunicaciones. El presidente más cercano a Televisa es el que más afecta sus intereses. Se establece la obligatoriedad del must carry y el must offer; se licitarán dos nuevas cadenas nacionales de televisión y la empresa es declarada como agente económico preponderante. Por lo pronto las acciones de Televisa bajaron en la Bolsa Mexicana de Valores. También Telcel y Telmex fueron declarados como operadores preponderantes en la telefonía (tarifas, interconexión, compartir red, etc.). c) Peña Nieto, quien ganó su elección en medio de una polémica sobre la compra ilegal de tiempos en medios, corrige la trampa de cambiar "adquisición" por "compra" y regresa al primer término como causal de nulidad electoral.

La maquinaria del PRI y el gobierno de Peña Nieto son compatibles con los reacomodos de poder, eso que el PAN no se atrevió a hacer por su conservadurismo. El PRI es una mixtura que se mueve entre las inercias del pasado y los cambios actuales. Sería complicado afirmar hoy que el poder del PRI es el poder del Estado mexicano, como lo fue hace unas décadas. Se supone que la diferencia es que ahora existen contrapeses, división de poderes y un juego de competencia política que dificulta tener un partido de Estado. Ya sabemos que el PRI pierde elecciones y se puede ir al fondo de las preferencias. Por supuesto que el PRI va a hacer todo lo posible por quedarse un largo tiempo en el poder presidencial, pero eso dependerá de muchos factores que no controlan ni el partido ni el presidente, como la marcha de la economía, la fuerza o debilidad de la oposición y los contrapesos de la sociedad. No estamos en un régimen de partido de Estado, pero desde el año 2000 tenemos un sistema competitivo sin alternancia de proyectos de país, pero ese es otro problema...

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