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Partidos de vampiros

Las groseras transas panistas retratadas ayer en un reportaje de El Norte son perfectamente congruentes con la condición presente real del partido Acción Nacional.

A sólo tres meses para el inicio del año electoral, convenientemente oportuno, el padrón de militantes del PAN en Nuevo León se disparó nuevamente, luego de una depuración nacional en el 2012, cuando el blanquiazul perdió el 60 por ciento de sus militantes en el Estado.

Del 18 de mayo pasado al 26 de junio la cifra de panistas nuevoleoneses subió 141 por ciento: de 11 mil 621 a 27 mil 983.

En un recorrido aleatorio por colonias de Monterrey, investigadores de El Norte detectaron afiliados fallecidos antes de "ingresar" al partido, direcciones correspondientes a casas abandonadas o terrenos baldíos y domicilios ocupados, sí, pero cuyos residentes no conocían a los panistas "registrados" en esas direcciones.

Semejantes hallazgos se dieron en muchas colonias regias, siendo en todas replicadora y alcista la tendencia de la muestra. Hay congruencia, le digo, entre estos feos descubrimientos periodísticos y la realidad del PAN.

Primero porque, como todos hemos comprobado con los actos de Acción Nacional en el poder, este partido mostró su verdadera cara cuando empezó a ganar elecciones y, para no volverlas a perder, adoptó el estilo del PRI, cuya invencibilidad se basó fundamentalmente en las transas electorales, entre las que ocuparon lugar preponderante los afiliados muertos y otros fantasmas.

Los panistas fueron los mejores alumnos de sus mentores priistas, me dijo hace unos días, con una cínica sonrisa en su rostro, una destacada política tricolor.

En segundo lugar, las transas en el padrón panista son congruentes con el partido, igual que lo son las de todos los partidos, el tricolor por delante, porque, otra vez igual a todos, el PAN es un partido muerto, que se murió cuando ganó el poder. Es un partido que dice ocupar el edificio de la democracia, que éste sigue vacío y, cuando se ocupa, ninguno de sus residentes conoce al PAN o, por vergüenza y desencanto, lo niegan.

Ésa es la realidad del blanquiazul, lo mismo que la del PRI y la mayoría, por no decir que todos, de sus satélites o derivados, el PRD en esta última categoría, junto con el Panal. Todos los partidos están muertos y viven de los muertos, a los que sacan a votar en cada proceso electoral, como su mentor priista les enseñó.

Y a esos partidos, que así se llaman porque nos parten a usted y a mí en falsos antagonismos que ellos mismos, los concesionarios, no profesan, tenemos que mantenerlos y pagarles para que nos vacilen, en el mejor de los casos, pues lo que hacen es saquearnos y chuparnos la sangre, literalmente hablando, como muertos no muertos que son.

Sí, les pagamos y caro. Inexplicablemente, porque sus partidos (los de los diputados) no se lo merecen ni se lo han ganado, los legisladores locales aprobaron un incremento en Nuevo León del 388 por ciento al financiamiento público a los partidos, que subirá de 46 millones 340 mil pesos en 2014 a 226 millones en 2015, gracias a la reforma electoral que los diputados, todos juntos, entorpecieron, pero nunca corrigieron.

Es repugnante que nos cobren por buscar el poder, pero más repugnante es que nos cobren por su corrupción que, como en el caso concreto del PAN, deriva precisamente de su acceso al poder, con el que descubrieron que gobernar era negocio y buen negocio, aun en un país, como México, en el que hay más pobres que piojos.

Ni un centavo habría que pagarles a estos desvergonzados y menos cargar ese presupuesto a una ciudadanía que ellos mismos hicieron miserable y a la que siguen empobreciendo.

Que les cobren a los muertos que afilian para cada proceso electoral, que vendan las casas y edificios vacíos que no habitan sus simpatizantes y el que en esos inmuebles los conozca que les pague. Que los mantenga el gobierno, pero con su propia lana, la de los premiados de todos los partidos, no con la sangre que nos chupan a usted y a mí.

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