Opinión

Peña domesticó a los radicales

ITINERARIO POLÍTICO

Por: RICARDO ALEMÁN

El tiempo demostró que el YoSoy#132 no era más que una impostura 'engañabobos' y que los líderes fueron movidos con la zanahoria del dinero y la ambición político-electoral. Todos saben que con la promulgación de las leyes que reglamentan la industria del petróleo y la energía nacionales, y con la entrada en vigor de la las nuevas reglas en materia de telecomunicaciones, se cierra el ciclo de las reformas más importante del último medio siglo en México.

Pero lo que pocos recuerdan y de los que aún menos quieren hablar, es de las mentiras, engaños e imposturas que durante años impulsaron los grupos radicales emparentados con las llamadas izquierdas, con políticos, medios y candidatos presidenciales, a los que el tiempo ha puesto en su lugar.

Así, por ejemplo, el tiempo —o si se quiere, la terca realidad—, no sólo demostró que el "movimiento" bautizado como YoSoy#132 en realidad era una "grosera botarga engañabobos", y que los cándidos "ternuritas" que se dijeron líderes no eran más que un puñado de "bobos útiles" al servicio de una causa político electoral y de un candidato presidencial. Y claro, hace 27 meses, cuando advertimos en este espacio de esa impostura, la brillante respuesta fue el insulto, el odio, la descalificación y hasta la amenaza de muerte.

¿Dónde está hoy el #132? ¿Dónde estuvieron los gritones líderes, durante la reforma de telecomunicaciones? ¿Dónde están sus locuaces y demandas? ¿Dónde están sus líderes? ¿Qué pasó con los "intelectuales" que alardeaban de que "el movimiento" era "la primavera azteca" y que se trataba de un germen social que cambiaría al país? ¿Para qué sirvió el engaño a miles de jóvenes? ¿Quién ha pagado por ese engaño y por esa impostura?

El tiempo demostró que —en efecto—, el #132 no era más que eso; una impostura engañabobos y que los líderes fueron movidos con la zanahoria del dinero y la ambición político-electoral. Hoy, algunos líderes cobran en Televisa —en donde hacen y dicen todo lo que cuestionaron—, mientras que otros, ejemplo de congruencia, trabajan para el gobierno de Peña Nieto. Y no pocos de los "intelectuales" que alentaron la patraña de los "ternuritas" ya pelean por los nuevos negocios de las telecomunicaciones.

Otro caso emblema es el de Andrés Manuel López Obrador y su movimiento Morena. En 2008, cuando un sector del PRI, otro del PAN y uno minoritario del PRD proponían aprobar una inocua reforma energética, AMLO bloqueó el Senado de la República a nombre del PRD y no paró en gritos y sombrerazos. Bueno, 20 años antes, AMLO hasta llegó al extremo de tomar pozos petroleros en defensa de Pemex.

Hoy, sin embargo, y desde que llegó al poder el gobierno de Enrique Peña Nieto, el señor López se alineó por la derecha. Calladito dejó hacer y pasar las reformas. Bueno, hasta se enfermó, en espera de que su odiado IFE —hoy INE—, le regalara sin chistar el acta de nacimiento de su bebé, Morena. Cuando el INE le entregó en brazos a su bebé, AMLO nunca dijo que eran ilegítimos, espurios; nunca recordó que se prestaron a robarle la Presidencia, no se acordó que mandó al diablo al IFE y que dijo que sus consejeros eran vendidos y traidores a la patria.

¿Por qué AMLO y sus radicales entregaron la plaza de la fea privatización del petróleo, de la venta al capital externo del patrimonio nacional? La respuesta está a la vista de todos los que quieran ver y escuchar. Porque AMLO cambió Morena por el silencio. Porque AMLO, igual que todos los políticos, tiene un precio y se vende al mejor postor. Le guste o no a sus fanáticos y fieles. Al final, el tiempo confirmó que el radicalismo de AMLO es otra impostura.

Pero hay más. ¿Alguien sabe por qué el curioso y nada casual silencio de los radicales de siempre? Nos referimos a los que jornada a jornada hicieron su causa con la candidatura presidencial de Cárdenas, en 1988 y 1994; los que inventaron a AMLO y que defendieron el cuento del fraude electoral en 2006 y 2012; los que se adueñaron de la impostura del EZLN desde que nació en 1994; los que inventaron el cuento del "No más sangre" del gobierno de Calderón y que organizaron firmas para demandar en el mundo "los 40 mil muertos de Calderón"; los que promueven una tibia consulta popular y… claro, los que inventaron la botarga del #132.

Silencio nada casual. Resulta que también se han beneficiado de las reformas y de la llegada del gobierno de Peña Nieto. Y por eso, calladitos se ven más bonitos.

¿Quién hubiera creído, hace quince, diez, cinco o tres años, que los radicales serían domesticados por el gobierno de Peña Nieto? Por eso les molesta y no quieren hablar del tema. ¡Ver para creer! Al tiempo.