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Perder ganando

PUNTO DE VISTA

En política a veces ganando también se pierde, y al revés también. Por ejemplo, en el caso de la alcaldía de Culiacán, se suponía que al obtener el triunfo Sergio Torres en la Presidencia Municipal, Aarón Rivas también ganaba, porque era el candidato de su partido, al cual apoyó, incluso con recursos del municipio. Sin embargo, el golpeteo y la desacreditación que le han dado al exalcalde Rivas viene de información y ha trascendido que se proporcionan desde adentro del Ayuntamiento que condujo, quizá porque efectivamente no cuadran sus números y porque se excedió en el tema del endeudamiento y la contratación de personal, o porque así se lo heredó Melesio Cuen, a quien sucedió en la alcaldía, o por ambas cosas. Y en parte, porque Sergio Torres quiere desmarcarse y pintar su raya, evidenciando que los logros y las obras que Aarón presumió al final de su administración están sustentadas en un excesivo gasto que coarta las posibilidades de su gobierno entrante. ¿Será sólo por eso? o por el celo político que regularmente existe entre el gobernante entrante y el saliente. En el quehacer político nacional los grupos regionales del PRI al recuperar la Presidencia de la República en el 2012 con Enrique Peña Nieto, ganaron espacios en el gabinete federal y ciertas delegaciones, pero perdieron facultades y capacidad de decisión en el quehacer político estatal y nacional. Porque si algo ha caracterizado el ejercicio del poder presidencial con el retorno del PRI a Los Pinos, es el fortalecimiento del centralismo, incluso a costa de facultades importantes que antes tenían los estados, como se observa en materia educativa, instituciones electorales, procedimientos penales, entre otros. Con mayor razón se impone el centralismo en la vida partidaria del tricolor, ahora, al viejo estilo del PRI, todo, o casi todo, se define desde el poder presidencial y su círculo cercano, de tal manera que los grupos locales tricolores ganaron y perdieron al tener la Presidencia de la República, porque nada, o casi nada, pueden decidir con autonomía los priistas desde los estados. En realidad ha sido más lo que perdieron en el ejercicio del poder regional, porque cuando había presidente panista, los grupos estatales del PRI y sus gobernadores tenían más facultades y poder político que el que tienen hoy.

Pero hay algunos que ganando la Presidencia del país perdieron más, aunque todavía no se percatan de ello; es el caso de los priistas malovistas que apoyaron a Enrique Peña Nieto en el proceso electoral del 2012. Ellos están más perdidos que otros, porque todo indica que su poder no trascenderá de la duración del gobierno local que encabezan, y que a partir del 2015 su fuerza se irá diluyendo. No sólo por sus errores, que los tienen, sino porque no han fortalecido liderazgos políticos en el estado, más allá del que mantiene todavía el gobernador, y porque en las querencias políticas de Enrique Peña Nieto, que es el que decide casi todo en el PRI, están lejos, muy lejos, de ser los preferidos. Al revés, todavía hay encono y heridas que algunos priistas les cobrarán. Ya se verá.

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