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Permiso

EDUCACIÓN, HOY

Entendido como un consentimiento o licencia para hacer o decir algo, el permiso, en la actualidad, está muy devaluado. Su abuso ha provocado que su intencionalidad se haya diluido y su razón de ser, trastocada. La apertura de la sociedad y la flexibilidad en casi todos los órdenes de relación entre iguales y desiguales ha erosionado la importancia del debido uso y efectos de los permisos como contenedores o inhibidores de la desorganización o la incongruencia. Después de un tiempo prolongado de permanecer dentro de un contexto autoritario, vertical e intransigente, de pronto se abrieron las puertas a la libertad, la tolerancia y la equidad pero, desafortunadamente, no se establecieron los límites claros para evitar su uso desmedido y arbitrario. De repente, la adolescencia colectiva ganó mucho terreno y bajo el discutible razonamiento "no quiero que vivas lo que yo viví con mis padres o gobierno", se empezó a cultivar la creencia, en las nuevas generaciones, de que no había mucha necesidad de solicitar autorización para emprender actividades que a la larga han provocado serios cuestionamientos al interior de familias, centros de trabajo y núcleos sociales diversos. El acoso escolar, violencia intrafamiliar, disfuncionalidad, los "Ninis" y, lo más grave, el aumento de individuos con carencia de sentido de la vida, son hijos adoptivos o directos de la permisividad inmoderada y la imprudencia soterrada. Se confundió por demasiados años la escolarización con educación y ahora nos enfrentamos a la posibilidad de tener que recurrir a los campos legales o de la salud mental para corregir lo que como padres de familia, en un primer momento, o profesores, en segundo lugar, no pudimos detectar. Pasar del extremo del autoritarismo a la permisividad desatada fue el error de toda una generación. Vale.

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