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¿Perros del mal?

GUASAVE

Varias decenas de trabajadores de la Jumapag y con ellos, otras tantas familias, enfrentan hace meses una de las crisis laborales más graves que se recuerden en la paramunicipal, por falta del pago de sueldos, amén de aguinaldos, y lo insólito, el escamoteo del monto de sus ahorros.

Producto de lo que parece ser, por decir lo menos, un pésimo manejo administrativo y financiero que se arrastra desde épocas pasadas, pero que a finales del trienio anterior terminó en quiebra técnica, muchos obreros padecen ahorita las consecuencias del desastre económico de su fuente de empleo.

Sin exagerar, podría decirse que las familias que dependen de los trabajadores, en su mayoría de confianza, literalmente se están muriendo de hambre, sin asideros políticos, sin apoyos oficiales, sin nadie que saque la cara por ellos, sufren la impotencia y la vejación a su dignidad por no poder hacer nada.

Ni siquiera el derecho a protestar les queda; están aterrados, llenos de miedo, no se atreven a reclamar, pues temen que el "nuevo patrón" los corra y prefieren el silencio humillante a alzar la voz para exigir lo que les corresponde por ley.

¿El Sindicato? ¡por favor!, además de no pertenecer a la pestilente organización, ni siquiera por solidaridad de clase sus dirigentes fueron, cuando debieron hacerlo, capaces de levantar un dedo y defenderlos de la arbitrariedad de la que son víctimas.

Hoy esperar que lo hagan es pedir peras al olmo, preocupados como andan en negociar con el nuevo Ayuntamiento, el blindaje a sus canonjías, abusos e intocabilidad, porque en la reorganización administrativa que se pretende para medio componer las cosas, a los "amos y dueños" de Jumapag no se les ha tocado ni con el pétalo de un descuento de sus sueldos, como lo han hecho con los que no son de su camarilla.

Se entiende que el gobierno de Armando Leyson por el momento dada la magnitud de la crisis en Jumapag no halle qué hacer para resolver el paquete que le heredaron, pero definitivamente eso no lo exime de la obligación, al igual que al nuevo gerente, Carlos Favela Ahumada, de poner todo su empeño para ayudar a esa pobre gente, cuya desesperación empieza a rayar en la angustia de no tener ni siquiera para comer.

A Leyson, si algo lo ha caracterizado a lo largo de su carrera política y aún antes, es su calidad humana, su bonhomía frente a las injusticias, el dolor y la necesidad de las personas, no en balde goza por de buena fama pública lo que le ha valido la simpatía y el respaldo popular.

Sin embargo, aún entendiendo que Jumapag no es la única "papa caliente", que por enfriar trae en las manos el alcalde Armando Leyson, la verdad es que por elemental humanitarismo deberá establecer como prioridad la solución a la crisis que sufren los trabajadores de la Junta de Agua Municipal.

El problema de decenas de empleados a los que "robaron" ahorros, de pilón, como si fueran limosnas, a cuentagotas pagan sueldos y todavía de ribete en franca violación a sus derechos y a la ley no les han cubierto aguinaldos, no es un detalle menor.

Repetimos, son obreros y sus familias las que se están muriendo de hambre. No es correcto ni decente que el nuevo gobierno se desatienda de ellos por ser una herencia maldita del anterior gobierno ni por ello tampoco son "perros del mal".

Si hay quienes deben pagar por lo que se hizo, que investiguen y se proceda, si fuera el caso, con la ley en la mano, pero antes, Armando Leyson, ya no por ser su responsabilidad, sino por un gesto de solidaridad social, resolver ese asunto, pues no es justo que se les deje al garete como están ahorita. El tema da para más.