Opinión

Pertenencia

EDUCACIÓN, HOY

Por  Marcos Miranda Gil

Por ser mamíferos, necesitamos pertenecer a algo. Vivir aislado debilita, nulifica, anula. En los últimos años, la tendencia a la separación se esta agudizando por los estándares de exigencia, competitividad y especialización.  Calificar es primordial, de ahí que las grandes masas, los supuestamente descalificados o auto marginados practiquen actos irracionales para poder ser incluidos en el todo. El problema es que la élite siempre es reducida y pocos podemos aspirar a pertenecer a ella. Si no se madura a tiempo, ese pensamiento conflictuado de querer pertenecer a algo que jamás podrá llegar, confunde y daña irreversiblemente.

Buscar pertenecer, por ser instintivo, ha sido un filón muy rico para los vendedores de espejismos, pues el segmento más vulnerable de la población, niños y adolescentes, siempre deseosos de ser algo diferente a lo que son, se dejan seducir fácilmente por lo que ellos consideran les dará un pasaporte de identidad que a la larga tampoco será suficiente porque es ilusorio. Desde hace cuatro o cinco décadas, se han bautizado, por ejemplo, a miles de niños y niñas con nombres de ascendencia extranjera o artistas también de otras naciones y estos se extienden en caseríos de viviendas pobres y sin recursos. Es paradójico observar cómo se excluye y se promueve la vergüenza del origen. Crecer en un ambiente lleno de Kimberlys, Jhonatans o Bryans incapaces de resolver un problema de matemáticas es además de contradictorio, indigno. Cultivemos el sentido de pertenencia entre los nuestros para que todos nos sintamos orgullosos de nuestras raíces. 

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