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‘Pienso, luego existo’

Reflexionar es volver la vista hacia nosotros mismos; es analizar imparcialmente la información que se tenga, los hechos, las circunstancias, las emociones; es descubrir la causa motivadora de un pensamiento, palabra o acción; es valorar objetivamente las posibles consecuencias de nuestras acciones.

Reflexionar es entrar en ese recinto que es nuestra mente, nuestra conciencia, para corregir a tiempo nuestros errores, y en el mejor de los casos hasta evitar cometer esos errores. Todos los seres humanos tenemos la capacidad de ir a ese espacio, a ese cuarto de reflexiones interior nuestro, para hablar con nosotros mismos, y escuchar nuestro propio consejo acerca de cualquier decisión a tomar.

Y es solo el ser humano quien tiene esa maravillosa facultad de pensar, de analizar, de discurrir, discernir, entre las circunstancias, las personas, los eventos ocurridos u ocurriendo.

Es el único ser que tiene la capacidad de darse cuenta, si quiere, del mundo que le rodea, de las normas morales y legales que rigen la sociedad en que vive.

Que puede observarse a si mismo para descubrir sus grandes cualidades y deficiencias; sus fortalezas y debilidades, sus derechos y obligaciones, inclusive el darse cuenta de sus propios pensamientos e inclinaciones, así como los motivos de los mismos.

Pero también es cierto que esa capacidad de darse cuenta, lo hace responsable de los actos que realiza, sean estos positivos o negativos, constructivos o destructores.

No podemos negar esta verdad y decir que no tenemos la culpa porque no sabíamos, ya que siempre existe la posibilidad de analizar, reflexionar las cosas antes de realizarlas.

Querido lector; la luz de la sabiduría solo se alcanza mediante la reflexión, el estudio, el análisis. Es solo yendo a nuestro cuarto de reflexiones antes de actuar, y volver a ir después de hacerlo.